El Vaticano expresó el jueves “vergüenza y dolor” por el informe mordaz que un jurado investigador de Pensilvania emitió sobre sacerdotes pederastas en seis diócesis de ese estado, y afirmó que esas conductas son “reprobables criminal y moralmente”.

El papa Francisco desea erradicar “este horror trágico”, agregó.

En un comunicado de lenguaje enérgico fuera de lo habitual para la Santa Sede incluso en asuntos como los añejos escándalos de pederastia que han manchado a la Iglesia estadounidense, el portavoz vaticano Greg Burke intentó asegurarles a las víctimas que “el papa está de su lado”.

El pontífice no fue citado en el texto, ni se mencionaron las exigencias de algunos católicos en Estados Unidos para que renuncie el cardenal Donald Wuerl, arzobispo de Washington.

En su informe hecho público esta semana, el jurado investigador acusó al cardenal de contribuir a la protección de algunos sacerdotes implicados en abuso y acoso sexual de menores cuando fue obispo de Pittsburgh, en Pensilvania.

En su declaración, Burke describió los casos de pederastia incluidos en el documento como “traiciones a la confianza que le robaron a los sobrevivientes su dignidad y su fe”.

“La Iglesia debe aprender las duras lecciones de su pasado, y tanto quienes cometieron los abusos como aquellos que los permitieron deberían rendir cuentas”, agregó.

Desde hace décadas, las víctimas y sus defensores han lamentado que altos clérigos católicos pusieron repetidas veces la reputación de la Iglesia por encima de sus obligaciones de proteger a los niños de los daños causados por sacerdotes pederastas.

En un indicio de que el papa Francisco quiere poner fin a esa forma de pensar generalizada entre la jerarquía eclesiástica, recientemente aceptó la renuncia de Theodore McCarrick, exarzobispo de Washington, a su rango de cardenal por presunta conducta sexual indebida.

El prelado es el primero que pierde su rango de cardenal en un escándalo de pederastia.

Burke dijo que Francisco “comprende bien lo mucho que estos delitos pueden sacudir la fe y el espíritu de los creyentes, y reitera el llamado para que no se escatimen esfuerzos a fin de crear un entorno seguro para los menores y adultos vulnerables en la Iglesia y toda la sociedad”.

El jurado investigador documentó en su informe cómo los sacerdotes pederastas eran protegidos con frecuencia por la jerarquía eclesiástica o transferidos a otros destinos sin que se informara a los fieles sobre el historial de depredación sexual de esos curas.