El Partido de los Trabajadores registró el miércoles al encarcelado expresidente Luiz Inácio Lula da Silva como su candidato para la presidencia de Brasil, intentando forzar su ingreso en la contienda para dirigir a la nación más grande de Latinoamérica, en franco desafío a las autoridades electorales.

Más de 10.000 simpatizantes de Lula tomaron las calles aledañas al Tribunal Superior Electoral en la capital brasileña, Brasilia, mientras los dirigentes del PT ingresaban al inmueble para presentar la candidatura en el último día de registro. Al poco tiempo, la presidenta del partido, Gleisi Hoffmann, salió y mostró orgullosa a los periodistas la prueba del registro.

El exalcalde de Sao Paulo Fernando Haddad fue registrado por el PT como candidato a la vicepresidencia.

“La única manera de que no sea candidato es si muero, me doy por vencido o las autoridades electorales me sacan de la contienda”, manifestó Lula en un mensaje que fue leído a la multitud por Haddad. “No espero morir. No me daré por vencido. Y lucharé hasta el final por mis derechos en el sistema de justicia electoral”.

Lula cumple una sentencia por cargos de corrupción, pero continúa encabezando las encuestas para los comicios presidenciales de Brasil programados para octubre. Se prevé que el tribunal le prohíba postularse por su condena.

Lula y sus simpatizantes insisten en su inocencia y afirman que los cargos fueron fabricados para evitar que regresara a la presidencia.

Horas después del registro de Lula, la procuradora general Raquel Dodge presentó una solicitud en el tribunal electoral para que se le niegue a Lula la inscripción. Los dirigentes de grupos conservadores, entre otros, hicieron lo mismo.

El ministro del Supremo Tribunal Federal Luis Roberto Barrosso se encargará del caso o lo compartirá con un panel del tribunal electoral. Tanto Dodge como Barroso han dicho que la candidatura de Lula para la presidencia no estaría permitida.

Había una fuerte presencia policial alrededor del tribunal, aunque la concentración fue pacífica. Muchos de los simpatizantes vistieron camisetas rojas con la cara de Lula plasmada en ellas. Algunos portaron máscaras de su rostro. La multitud gritaba: “¡Liberen a Lula!” y “¡Lula, guerrero de la gente brasileña!”.

Lula es respetado en muchas zonas de Brasil por sus orígenes humildes y por compartir los frutos de los años de crecimiento del país con los pobres y las clases trabajadoras. Sin embargo, su condena y la cuestión sobre si puede postularse para la presidencia ha dividido a Brasil, donde algunos ven su encarcelamiento como una prueba de que nadie está por encima de la ley, y otros sienten que es perseguido por un sistema de justicia que está siendo manipulado para evitar que vuelva a ocupar el cargo.

La ley brasileña prohíbe que cualquier persona cuya declaración de culpabilidad haya sido ratificada ocupe un cargo público, aunque el tribunal tiene la última palabra.

“Ni siquiera pensamos en la posibilidad (de una elección sin Lula), porque una elección sin Lula sería un fraude”, manifestó Elen Neves, una agricultora de 22 años del estado de Paraná. “Pero si por casualidad su candidatura es rechazada, seguiremos luchando por él para que llegue a la presidencia”.

Haddad destacó que los derechos políticos de Lula no han sido suspendidos y que sigue apelando su condena. No está claro cuánto tiempo tomará la decisión del tribunal, pero el Partido de los Trabajadores tiene hasta el 17 de septiembre para registrar a alguien más en su papeleta, en caso de que le prohíban a Lula postularse. Se piensa que Haddad ocuparía su lugar.

Lula fue declarado culpable el año pasado de hacer favores a una constructora a cambio de la promesa de un apartamento en la playa.

Su proceso fue parte de la pesquisa “Autolavado”, en la que los fiscales han acusado a políticos de repartir favores y contratos estatales a cambio de sobornos y contribuciones de campaña. La investigación ha sacudido al sistema político de Brasil y puesto a docenas de personas poderosas en la cárcel, incluidos algunos de los hombres más ricos del país.

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Savarese reportó desde Brasilia y DiLorenzo desde Sao Paulo. Los videoperiodistas de AP Mario Lobao y Diarlei Rodrigues contribuyeron a este despacho desde Brasilia.