Los africanos que viven en Israel han sido detenidos, amenazados con ser deportados y son tratados con hostilidad por legisladores y residentes. Desde el año pasado, enfrentan otro obstáculo: una reducción del 20% en sus ingresos que los empuja más todavía hacia la pobreza.

Los aproximadamente 35.000 inmigrantes africanos de Israel y organizaciones que los apoyan dicen que una reciente ley por la que el estado les retiene parte de su sueldo y les devuelve el dinero solo si se van del país es una nueva medida del gobierno para forzarlos a irse.

“Siento que aprobaron esa ley para hacer nuestras vidas miserables”, expresó Salamwit Willedo, un eritreo que vino a Israel en el 2010. “Sufrimos durante ocho años aquí. Si tuviese un país donde vivir, ¿por qué me quedaría aquí?”.

Los africanos, la mayoría de ellos procedentes de Sudán, donde hay una guerra civil, y Eritrea, gobernada por un dictador, empezaron a llegar a Israel en el 2005 a través de la porosa frontera con Egipto, después de que los egipcios reprimieron violentamente una manifestación de refugiados y se corrió la voz de que había oportunidades de trabajo en Israel. Decenas de miles cruzaron el desierto, enfrentando grandes peligros, antes de que Israel completara una barrera en el 2012 y pusiese fin a ese flujo.

Desde entonces, Israel ha tratado de encontrar una solución para los que ya estaban en el país. Muchos empezaron a trabajar en hoteles y restaurantes, y miles se instalaron en el sur de Tel Aviv, donde los residentes empezaron a quejarse de un aumento en la delincuencia.

Los inmigrantes dicen que son refugiados que huyen de conflictos o que son perseguidos, pero Israel los ve como gente que busca trabajo y que compromete la identidad judía del estado.

Israel los detenía y alojaba en prisiones distantes, y luego empezó a buscar acuerdos con otros países para que los admitiesen. Se cree que con Ruanda.

En abril Israel llegó a un acuerdo con las Naciones Unidas para reubicar a muchos en otros países occidentales. A otros se les permitió permanecer en Israel. Pero el gobierno anuló prontamente el acuerdo ante las quejas de sectores intransigentes y de residentes de los barrios donde viven muchos de los inmigrantes.

Estas medidas hacen que los africanos vivan rodeados de incertidumbres. A la gran mayoría no se les ha concedido asilo y llevan una existencia precaria.

Israel no oculta sus intenciones con la ley por la que se queda con parte del sueldo de los africanos. El propio Ministerio del Interior admite que el objetivo es desalentar a los africanos a que se queden en el país.

La ley estipula que los patronos deben entregar el 20% de los sueldos de los africanos al estado, que lo retiene hasta que se van.

La retención no es considerada un impuesto y no da a los africanos derechos a beneficio social alguno. Los patronos retienen además un 16% de los ingresos para el fondo de pensiones y los inmigrantes pueden acceder a ese dinero solo si se van del país.

Los empleadores que contratan inmigrantes africanos deben pagar un impuesto adicional, que tiene por fin desalentar la contratación de extranjeros y hacer que a los inmigrantes les resulte más difícil todavía conseguir trabajo.

La portavoz del Ministerio del Interior Sabine Haddad dice que esas retenciones constituyen un ahorro que “permitirá a los migrantes empezar nuevas vidas afuera de Israel”.

Indicó que el estado tiene actualmente 40 millones de dólares de más de 13.000 migrantes. Agregó que de los miles que se han ido, 400 retiraron ese dinero.

Las leyes internacionales estipulan que un país no puede deportar a personas que piden asilo y hay quienes piensan que las retenciones son una forma de burlar esa norma, empujando a los inmigrantes a irse por su propia voluntad.

“Vivimos rodeados de incertidumbres”, dijo Ghebrehiwot Tekle, un eritreo que reside en Israel desde el 2006 y trabaja como traductor de un grupo de ayuda. “Todos los años sale una ley nueva que nos dificulta la vida”.

Muchos de estos inmigrantes trabajan en negro, cobrando en efectivo; deben mudarse a departamentos más pequeños y numerosas mujeres recurren a la prostitución para sobrevivir.

“Ya eran pobres antes. Ahora son más pobres todavía”, declaró Sigal Rozen, directora de políticas públicas de una organización israelí de ayuda a inmigrantes llamada Línea Especial para Refugiados y Migrantes.

Para algunos inmigrantes, no obstante, las medidas que les dificultan la vida no son razón suficiente para que consideren irse de Israel. Tekle, el traductor eritreo, dice que le puede ir mucho peor si intenta el peligroso trayecto hacia Europa que emprenden tantos otros migrantes.

“No hay nada mejor”, aseguró.

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La Associated Press prepare este despacho con una beca del Centro Pulitzer para Reportajes de Crisis.