Tres años después de que legisladores de Nebraska votaron en favor de abolir la pena capital, el estado se dispone a llevar a cabo la primera ejecución desde 1997, en un confuso giro de 180 grados propiciado en gran parte por el gobernador republicano.

Funcionarios de prisión se aprestan a ejecutar el martes a Carey Dean Moore, uno de los reos con más tiempo tras rejas en el país, condenado por matar a tiros a los taxistas Maynard Helgeland y Reuel Van Ness Jr. en Omaha en 1979.

El gobernador Pete Ricketts, antes acaudalado empresario, ayudó a financiar una campaña para restablecer la pena de muerte luego que legisladores invalidaron su veto en el 2015. Su gobierno luego cambió el protocolo de inyecciones letales de Nebraska para eludir normas establecidas y ocultó documentos que habían sido considerados públicos y que identificaban a los proveedores de esos tóxicos.

"(La propuesta) ni siquiera hubiera llegado a la papeleta sin él", dijo Matt Maly, activista en contra de la pena de muerte que junto con otras personas protesta a diario afuera de la residencia del gobernador. "Poner algo en la papeleta requiere bastante dinero y recursos. Nadie más hubiera prestado tanta atención".

Ricketts argumentó la semana pasada que él estaba acatando los deseos de los votantes que aprobaron revertir la decisión de la legislatura en la elección general del 2016. Dijo que considera a la pena de muerte como un asunto de seguridad pública y como un recurso importante para las agencias del orden, pese a su fe católica y las recientes declaraciones del papa Francisco de que la pena capital es inaceptable en todos los casos.

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