Cuando llegó a Uruguay tras permanecer detenido 12 años en la base estadounidense de Guantánamo, el sirio Ahmed Ahjam no hablaba castellano, su única labor conocida era la joyería y tenía los bolsillos vacíos.

Cuatro años después se ha convertido en el único de los seis ex prisioneros que arribaron al país sudamericano en alcanzar la independencia económica tras inaugurar el lunes una tienda de dulces árabes en uno de los principales mercados de Montevideo.

La apertura fue un éxito y Ahjam no paró de atender un cliente tras otro. “Estoy muy agradecido con todos los uruguayos. Yo sé que la mayoría está de mi lado”, dijo en español a The Associated Press tras despachar a una joven que llevó una caja de baklava, un pastel con pasta de pistachos.

Para la inauguración cortó una cinta con los colores de la bandera uruguaya ante la mirada del alcalde de Montevideo, Daniel Martínez.

Sonriente y con una cesta en sus manos, Ahjam -de 41 años- comenzó luego a repartir unas bolsitas de celofán con unas galletas dulces árabes llamadas ma'amul. Primero convidó al centenar de personas que se acercaron a participar de la inauguración y luego a transeúntes y otros trabajadores del mercado.

“Esto es una señal muy importante contra la xenofobia. Por eso vine”, dijo el alcalde Martínez.

Agregó que “para que Uruguay sea grande tiene que ser una tierra de oportunidades para todos”.

Entre los presentes en la inauguración se encontraban amigos y personas que han colaborado en la adaptación de los ex refugiados como la exvicecanciller y militante de derechos humanos Belela Herrera, quien no ocultó su satisfacción.

Herrera recordó a Ahjam la noche de 2014 en la que llegó de Guantánamo junto con otros cinco ex prisioneros. “Estaban los seis en una base de la Fuerza Aérea. Nos preguntaron hacia dónde estaba el este porque querían rezar. Nosotros no teníamos ni idea”, relató a AP.

El músico Edison Mouriño, un violinista que conoció a Ahjam porque eran vecinos, estaba emocionado y sorprendido por la multitud reunida, la presencia de la prensa y el alcalde. “Me impresiona mucho que una persona tan humilde y sencilla haya conseguido esto. Y también la apertura del Uruguay por permitirlo”, dijo a AP.

Los seis presos liberados de Guantánamo llegaron a Uruguay en lo que el entonces presidente José Mujica definió como un acto humanitario, aunque luego dijo que lo había hecho para abrir el mercado estadounidense a las naranjas uruguayas.

Ahjam dijo al llegar que era joyero de profesión y que quería trabajar como tal en Uruguay.

Sin embargo, la adaptación de los refugiados -cuatro sirios, un tunecino y un palestino- no fue fácil en un país de tan solo 3,2 millones de habitantes y un mercado económico reducido.

Ahjam no consiguió trabajo como joyero y comenzó a explorar la posibilidad de insertarse a través de la cocina.

“Sus hermanas le enviaban las recetas”, relató Verónica de Gregorio, coordinadora del Centro de Desarrollo Económico, una incubadora de negocios de la alcaldía montevideana. “En 2016 se presentó a pedirnos ayuda, nos dijo que su sueño era abrir un local en el Mercado Agrícola”.

El Centro de Desarrollo Económico lo instruyó en normas contables y de higiene alimentaria. También solventó el costo del pequeño local. Ahjam compró las materias primas, la caja registradora y otros elementos con el dinero obtenido de dulces que comenzó a vender meses atrás en ferias y eventos particulares.

El gobierno extendió un plan de ayuda para los ex prisioneros hasta enero de 2019 que consiste en un salario mínimo nacional, equivalente a unos 420 dólares mensuales, y les pagará el alquiler de una vivienda. Si lo necesitan también recibirán ayuda económica que les permita capacitarse laboralmente, mejorar su dominio del español y recurrir a ayuda psicológica.

Estaba previsto que la ayuda cesara en enero de 2018, pero la mala situación laboral de casi todo el contingente llevó a prolongar un año más el auxilio.

La exvicecanciller Herrera dijo que uno de ellos domina cuatro idiomas y, sin embargo, no consigue empleo.

El más conflictivo de todo el grupo, el sirio Abu Wa'el Dhiab, abandonó recientemente el país sin hacer trámites migratorios y, a través de Brasil, viajó a Turquía. Se desconoce su actual paradero.

Dhiab acusó en repetidas oportunidades al gobierno uruguayo de incumplir una supuesta promesa de traer a su familia al país. Durante meses se negó a firmar un convenio con el gobierno, que ya habían suscrito los otros cinco, por el cual reciben la ayuda económica. Finalmente, firmó el acuerdo en febrero de 2016.

Pero en julio de ese mismo año huyó del país y dos semanas después se presentó en el consulado de Uruguay en Caracas reclamando trasladarse a Turquía o a un tercer país para reunirse con su familia. A fines de agosto fue deportado de Venezuela y regresó a Uruguay.

Estados Unidos ha usado su base en Cuba desde enero de 2002 para retener a sospechosos de tener vínculos con Al Qaeda y el Talibán, cuyos casos nunca fueron juzgados.