Inmigrantes desesperados, empresarios en quiebra al borde del suicidio, mujeres golpeadas, víctimas de la tortura y todos los que sufren en el mundo fueron recordados en el Viacrucis del Viernes Santo presidido por el papa Francisco en el Coliseo.

La cruz representa el peso de todos nuestros pecados Con la cabeza inclinada y los ojos cerrados con frecuencia, el pontífice se unió a decenas de miles de fieles para escuchar meditaciones leídas en voz alta en la antiquísima estructura en el centro de Roma. Una meditación, leída por la actriz italiana Virna Lisi, se centró en la situación de los niños soldados. Otras lecturas recordaron a inmigrantes que arriesgan la vida para tratar de llegar a países acaudalados, mujeres y niños esclavizados por los traficantes de personas y los reos presos en cárceles atestadas.

La selección de los temas reflejó la determinación del papa de concentrar la atención de la Iglesia católica en los que sufren, con frecuencia en los márgenes de la sociedad. El tema de los marginados en la ceremonia también hizo eco a gran parte del enfoque de Francisco en el primer año de su papado. Su primera peregrinación fuera de Roma como pontífice lo llevó a una pequeña isla cerca de Sicilia, donde miles de inmigrantes llegan en precarias embarcaciones proporcionadas por los traficantes de personas.

Francisco tenía puesto un abrigo blanco largo sobre una sotana sencilla del mismo color para protegerse del frío de la noche.

Pide por todos los abrumados

Casi al final del servicio de 90 minutos, el pontífice expresó a los presentes en una alocución breve que la cruz representa "el peso de todos nuestros pecados" y condenó "la monstruosidad del hombre cuando permite que el mal lo guíe".

Se espera la presencia de miles de personas en la Plaza de San Pedro para la misa de Resurrección Pero después se mostró más optimista. "El mal no tendrá la última palabra; el amor, la misericordia y el perdón la tendrán", afirmó.

Y terminó con una oración para pedir que todos los "abrumados bajo el peso de la cruz encuentren la fuerza de la esperanza". Entonces bendijo a los fieles y regresó al Vaticano en un vehículo.

Otra de las meditaciones habló de los niños cuya salud peligra porque los mafiosos sicilianos están vertiendo desechos tóxicos en sus vecindarios y tierras de cultivo cerca de Nápoles. Las madres de los niños habían escrito al papa con la esperanza de llamar la atención sobre el problema.

Afuera del Coliseo y a lo largo del amplio bulevar que lleva hasta él, decenas de miles de peregrinos, turistas y habitantes de la capital italiana se apiñaban con libros de oraciones y velas sostenidas en candeleros de papel de colores.

Se espera la presencia de miles de personas en la Plaza de San Pedro el domingo para la misa de Resurrección, que será celebrada por el papa.