El presidente Donald Trump ha dicho a sus colaboradores que probablemente no tratará de cerrar el gobierno federal antes de las elecciones legislativas de noviembre para presionar a favor de un mayor presupuesto para su muro en la frontera con México, dijeron funcionarios del gobierno el martes.

A pesar de sus declaraciones recientes de que “no tendría problemas” para cerrar el gobierno con tal de obtener respaldo para una de sus promesas cruciales de campaña, dos funcionarios dijeron que Trump reconocía el costo político de un cierre antes de las elecciones y había asegurado a sus colaboradores que no provocaría una crisis fiscal sino después de los comicios. Un colaborador legislativo dijo que la Casa Blanca envió un mensaje similar al Capitolio. La posibilidad de un cierre provocaba temores a los republicanos que enfrentan contiendas reñidas.

Los dos funcionarios y el colaborador legislativo hablaron bajo la condición de anonimato por tratarse de deliberaciones internas.

El lunes, por segunda vez en dos días, Trump amenazó con el cierre, con lo que pareció enfrentarse con los legisladores republicanos. Previamente los dirigentes republicanos creían haber obtenido un compromiso de que Trump sería paciente con el presupuesto.

El presupuesto del gobierno vence a fines de septiembre, semanas antes de las elecciones legislativas, y sería el segundo desde que los republicanos controlan el ejecutivo y el legislativo. El primero fue en enero.

El presidente ansía poner el acento en la inmigración de cara a las elecciones, convencido de que animará a su base. La dirigencia republicana, por el contrario, espera evitar una exhibición del desorden que aqueja al gobierno y concentrarse en la reducción de impuestos y la fortaleza de la economía.

Trump ha demostrado incoherencia en sus negociaciones con el legislativo, como lo demuestran sus mensajes confusos sobre un posible cierre del gobierno. Semanas atrás, dijo públicamente que estudiaba vetar un proyecto de ley de gastos que había respaldado poco antes, entre críticas de sus aliados de derecha de que no tenía en cuenta las prioridades de inmigración.

El presidente no oculta su convicción de que fue la intransigencia en materia de inmigración la que lo proyectó a la Oficina Oval, y a principios de año lanzó una campaña agresiva por nuevas medidas de seguridad en la frontera. Éstas incluyen 25.000 millones de dólares para la construcción de un muro fronterizo, pero Trump reconoció el lunes que sus reclamos son un punto de partida.