Remedios Rosas caminaba por una calle de la Ciudad de México el sábado cuando vio a siete bailarinas vestidas con tutú caminando de puntillas por la acera, con la barbilla alta y esperando junto a otros peatones para cruzar la calle. Cuando el semáforo se puso en verde, la música comenzó a sonar y saltaron a la calle dando vueltas ante los sorprendidos conductores.

El espectáculo de 58 segundos _ lo que dura un semáforo de la capital mexicana en cambiar de color _ forma parte de la iniciativa de una compañía de danza para alegrar el día a los conductores en los cruces de esta vasta metrópolis conocida por sus atascadas calles.

Rosas corrió a casa y regresó con sus dos nietos para disfrutar de las actuaciones callejeras, ambientadas con canciones que fueron desde piezas clásicas de ballet como “El lago de los cisnes” o “El cascanueces” hasta “Rock With Me”, de Michael Jackson. El sistema de sonido era un boombox conectado a un iPod.

"Es formidable para las familias que tenemos la oportunidad de verlos aquí en la calle", dijo Rosas.

Luchando contra el ruido de las bocinas de los autos y el traqueteo de los motores en este vecindario del noroeste de la ciudad, el grupo bailó siete canciones distintas, cada una de ellas con una coreografía y un vestuario propios.

La idea de las representaciones se inspiró en el fotógrafo Omar Rodríguez, quien tomó imágenes de los bailarines en las calles. Ahora, las actuaciones forman parte de la iniciativa "La teatralidad del espacio público”. La compañía de teatro responsable del evento se llama Ardentía.

Desde el inicio de los espectáculos hace dos semanas, los bailarines han atraído la atención de fotógrafos, camarógrafos e incluso un operador de dron, todos ellos buscando capturar una historia que sigue creciendo.

"Nunca creímos que iba tener este impacto", dijo una de las bailarinas, Manuela Ospina Castro. "La gente, aparte de que lo está aceptando, lo necesita. Necesitan este tipo de actividades muy extraordinarias para acercarse al arte”.

Sentado en su bicicleta, Juan Pablo dijo que se detuvo a un lado de la carretera cuando se topó con una actuación y se quedó a ver todo el espectáculo.

Pero los niños son los más encantados. Daniela Jacqueline Luna, una de las nietas de Rosas, dijo que su parte favorita de la actuación es cuando los bailarines “mueven los pies”.

Un día, dijo, quiere convertirse en bailarina.

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Este despacho ha sido corregido para aclarar que el nombre del fotógrafo es Omar Rodríguez, no Óscar Rodríguez.