Cuando las temperaturas suben como lo han hecho esta semana en el centro de Phoenix, los indigentes no se bajan de los trenes con aire acondicionado por temor a un calor tan brutal que mató a 155 personas en la ciudad y sus alrededores el año pasado. De vez en cuando suena la sirena de alguna ambulancia que va a asistir a alguien insolado.

La ciudad más grande de Arizona no solo soporta los calores abrasadores del desierto de Sonora, sino que constituye lo que se denomina una “isla de calor urbano”, un fenómeno que hace subir las temperaturas en zonas donde abundan el asfalto y el cemento, que retienen el calor. El miércoles Phoenix registró 46 grados centígrados (116 Fahrenheit), nuevo récord para esa fecha.

Las autoridades locales dicen que están buscando formas de contrarrestar el fenómeno, monitoreando las temperaturas, plantando miles de árboles y atrapando agua de lluvia para enfriar los espacios públicos.

Chicago tiene más de 500.000 árboles para contrarrestar las altas temperaturas y está a la vanguardia en el uso de “techos verdes”, cubiertos de vegetación. Los Ángeles cuenta con una ordenanza desde el 2014 que requiere “techos fríos” reflectantes para las nuevas viviendas, mientras que Seattle procura revivir los parques de la ciudad.

Especialistas en cuestiones climáticas, no obstante, dicen que hace falta hacer más.

En las islas de calor urbano, la radiación solar y el aire caliente de los vehículos y los edificios quedan atrapados entre los rascacielos. No hay suficientes árboles para dar sombra y hacer bajar las temperaturas.

“Enfrentamos una pronunciada tendencia a un alza en las temperaturas en las ciudades grandes”, expresó Brian Stone, director del Laboratorio de Clima Urbano del Instituto de Tecnología de Georgia.

Indicó que el efecto de las islas de calor impide que una ciudad se deshaga del intenso calor cuando cae el sol, lo que hace subir las temperaturas con el correr del tiempo.

Las investigaciones de su equipo revelan que las temperaturas de Phoenix suben casi un grado Fahrenheit por década. Dallas y Louisville (Kentucky) son otras ciudades que se calientan rápidamente. Stone dijo que Phoenix se calienta a un ritmo tres veces más alto que el del planeta en general.

Agregó que el efecto de isla de calor es producto del uso de la tierra y de decisiones energéticas, y no está relacionado con el calentamiento global. Ambos fenómenos, sin embargo, van de la mano.

Si bien el calor aumenta el consumo de electricidad y la contaminación del aire, las autoridades temen por su impacto en la salud de la gente. Cinco personas ya han muerto este año por causas relacionadas con el calor en el condado de Maricopa y se investigan otros 34 casos, según las autoridades sanitarias.

El peligro es mayor entre los indigentes y los ancianos. Una inusual ola de calor mató a casi 15.000 personas en Francia en el 2003, la mayoría de ellas ancianos que no tenían aire acondicionado cuando las temperaturas subieron por encima de los 37 grados (100 F).

El efecto de isla de calor es bien conocido en ciudades como El Cairo, Mumbai, Johannesburgo, Ciudad de México y Nanjing (China), y puede agregar varios grados a las temperaturas durante la noche, según los meteorólogos.

La mejor forma, y la más efectiva, de reducir las temperaturas en estas ciudades es plantando árboles, según Matt Grubisich, director de operaciones y de arboricultura urbana de la Texas Trees Foundation, una agrupación sin fines de lucro de Dallas. Indicó que su grupo planta 2.500 robles, olmos, nogales y fresnos anualmente.

Stone afirmó que en algunas ciudades habría que plantar cientos de miles de árboles para contrarrestar el efecto de la isla de calor.

En Phoenix, Hartman dijo que la municipalidad analiza el uso de asfalto de color más claro.

“Hacen falta una serie de soluciones, especialmente plantar árboles que den sombra, con corredores por los que se pueda caminar”, manifestó David Sailor, director del Centro de Investigación de Clima Urbano de la Universidad Estatal de Arizona.

Para Stone, las ciudades deben considerar el impacto del clima en todas sus decisiones sobre el desarrollo.

Señaló que un crecimiento desordenado hizo que se perdieran árboles y otros materiales que enfrían. “Hay que restaurar estos materiales mediante un proceso que requiere más superficies verdes y reflectantes”, manifestó.

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Anita Snow está en https://twitter.com/asnowreports y en https://apnews.com/search/Anita%20Snow