Igual que uno de cada cuatro niños haitianos, Franchina, de 11 años, ha pasado buena parte de su corta vida sin sus padres.

Su madre falleció y su padre está preso, por lo cual Franchina fue enviada a un orfanato estatal desde pequeña, era analfabeta y le esperaba un futuro sombrío en la nación más pobre del hemisferio Occidental.

Su fortuna, no obstante, le sonrió este año.

Se benefició de los esfuerzos del gobierno por mejorar las deplorables condiciones en que viven estos menores sin padres, en particular de la colaboración entre la agencia a cargo del bienestar de los menores y varias organizaciones internacionales.

En un país, y una región, en la que no hay sistemas de adopciones, están reclutando y entrenando a personas para que se hagan cargo de menores, convenciéndolos de que es una misión noble.

“Te da cierta satisfacción”, declaró Jeannes Pierre, un pastor bautista de 61 años de Puerto Príncipe que se ha hecho cargo de Franchina. “Haces algo extraordinario”.

En su orfanato Franchina dormía en una litera en un cuarto donde convivían varios menores. Ahora tiene una habitación propia, pequeña y sencilla, llena de libros de colores. Sus padres adoptivos le enseñaron a leer en cuestión de semanas.

“Es como si eliminaras la oscuridad de los ojos de un niño”, dijo Pierre.

Muchos menores viven en las calles en Haití. Cientos de miles son empleados domésticos. Franchina fue una de 30.000 niños alojadas en instituciones similares a orfanatos en las condiciones van desde adecuadas a deplorables.

El sistema de adopciones no va a resolver el drama de estos menores. Hacen falta soluciones a largo plazo que rebasan la capacidad del gobierno: mejores oportunidades educativas y apoyo a las familias pobres para que no se sientan obligadas a colocar a sus hijos en orfanatos o como empleados domésticos.

Pero el nuevo programa es mencionado por expertos nacionales y extranjeros como un ejemplo del empeño del gobierno por mejorar las políticas hacia la niñez y reducir la dependencia de instituciones benéficas extranjeras.

“No hay soluciones mágicas”, manifestó Marc Vincent, director de las operaciones de la UNICEF en Haití. “Pero es importante reconocer las medidas que está tomando el gobierno, su compromiso para tratar de mejorar las cosas”.

Algunos de los cambios son producto del devastador terremoto del 2010, que alentó una proliferación de adopciones internacionales. Algunos menores fueron enviados a Estados Unidos sin que su adopción haya sido aprobada; el líder de una organización religiosa de Idaho fue juzgado por tratar de sacar menores del país sin autorización.

Estos incidentes impulsaron a las autoridades haitianas a firmar convenciones internacionales fijando normas éticas para las adopciones internacionales. Se ajustaron las regulaciones y la cantidad de adopciones internacionales bajó marcadamente, de más de 1.300 al año a 300 o 400.

La agencia que vela por el bienestar de los menores, conocida por sus siglas en francés, IBESR, trata también de mejorar la supervisión de los aproximadamente 750 orfanatos del país. La mayoría son instituciones privadas sobre las que hay escasa vigilancia del gobierno para evitar abusos.

Funcionarios de IBESR dicen que unos 400 orfanatos serán cerrados si no mejoran su funcionamiento. Cierres en gran escala aumentarían las presiones para que los menores sean ubicados con sus padres biológicos o con padres adoptivos.

“No podemos seguir ubicando chicos en instituciones”, afirmó el funcionario de IBESR Vanel Benjamin. “La respuesta es la familia”.

La UNICEF calculal que entre el 80% y el 90% de los menores en orfanatos tienen al menos uno de sus padres vivos. Varias organizaciones tratan de ubicar a los menores con sus familias biológicas, pero esas gestiones son lentas y los administradores de los orfanatos, que reciben donaciones de extranjeros bienintencionados, no siempre cooperan.

Incluso en los orfanatos bien manejados las situaciones desgarradoras son la norma, según Dallye Telemaque Bernard, directora del hogar Nido de Esperanza de Puerto Príncipe.

Bernard supervisa el cuidado de unos 50 menores de entre cinco meses y 13 años de edad.

“Algunos chicos llegan muy enfermos, de familias con situaciones económicas muy malas”, dijo Bernard.

Generalmente provienen de Cite Soleil, el barrio de emergencia más grande de la capital, y son dejados por sus propias madres.

“Es muy duro para ellas”, señaló. “Pero no tienen otra opción”.

El programa de adopciones comenzó hace tres años en Puerto Príncipe y en Les Cayes, ciudad del sur. IBESR dice que seguirá expandiéndose a otras regiones y que el objetivo es que haya 200 familias adoptivas aprobadas para fin de año.

A medida que avanza el programa, algunos activistas defensores de las causas de los menores han expresado preocupación por la creciente población de menores que realizan labores domésticas. UNICEF calcula que unos 400.000 menores, llamados “restaveks” por muchos haitianos, viven lejos de sus padres, en casas donde realizan distintos trabajos a cambio de techo y comida.

Se hace una averiguación de los antecedentes de las personas que se ofrecen para adoptar menores para asegurarse de que están en condiciones de cuidar de ellos sin explotarlos. Trabajadores sociales hacen visitas rutinarias a esas viviendas.

Los padres adoptivos no reciben ayuda del estado sino que deben costear ellos mismos los gastos de la manutención de un menor.