La sorpresiva difusión de grabaciones en las que Donald Trump habla sobre un pago para silenciar a una modelo de Playboy que decía haber tenido una relación sentimental con él marca un punto de inflexión en el juego del gato y el ratón entre el presidente y el abogado que alguna vez dijo que daría la vida por él y que ahora parece más interesado en salvar su pellejo.

La disputa entre Trump y su abogado “arreglaentuertos” Michael Cohen se agravó cuando este último difundió un audio de una conversación telefónica que tuvieron antes de las elecciones presidenciales del 2016, tras lo cual Trump dijo en un tuit: “¿Qué clase de abogado graba a un cliente? ¡Muy triste!”.

Si bien partes de la grabación no están muy claras y ambos bandos tratan de darle un significado particular, parece claro que la difusión de la cinta es apenas una primera andanada. Las autoridades confiscaron al menos una docena de grabaciones y cientos de miles de documentos al allanar las oficinas de Cohen.

La grabación, hecha semanas antes de las elecciones del 2016, parece contradecir la afirmación de Trump de que no sabía del pago a la ex conejita de Playboy Karen McDougal, quien dijo haber tenido una relación sentimental con el futuro presidente, que estaba casado.

Esto plantea la posibilidad de que se hayan violado las leyes de financiación de campañas. Cohen aparece asesorando a Trump sobre asuntos relacionados con la campaña y eso puede ser de interés para los investigadores que tratan de determinar si el abogado violó las leyes electorales al arreglar la compra del silencio de personas con información comprometedora.

Cohen dice en la cinta que ya había hablado con el director de finanzas de la Trump Organization Allen Weisselberg sobre “cómo hacer todo”. La presencia de Weisselberg dio lugar a especulaciones sobre si las empresas privadas de Trump trataron de proteger su campaña.

Los abogados de Trump afirman que los pagos de los que se habló en la cinta nunca tuvieron lugar.

La difusión de la cinta, no obstante, marca un nuevo capítulo en la saga de Cohen, quien sopesa si cooperar con los fiscales federales y tal vez con el fiscal especial Robert Mueller, que investiga si las relaciones de la campaña de Trump con Rusia. El abogado es considerado por la gente de Trump como la peor amenaza a su presidencia.

Cohen llegó a lo más alto de la Trump Organization imitando el estilo de su patrón al resolver sus problemas personales y políticos. Ahora, al mejor estilo de Trump, libra su batalla a la vista del público.

Dos allegados a Cohen, que hablaron a condición de no ser identificados porque no están autorizadas a ventilar estos asuntos en público, afirman que Cohen cree que su relación con Trump ya no tiene arreglo.

Se siente aislado y dolido por los ataques del nuevo abogado de Trump Rudy Giuliani y por los esfuerzos del presidente por minimizar su papel en su organización.

Cuando el equipo legal del mandatario desistió de hacer uso del derecho a la confidencialidad en las relaciones abogado-cliente, Cohen difundió la cinta, por considerar que confirma su versión de los hechos, según los informantes. El abogado les dijo a sus allegados que estaba cansado de ser vilipendiado y que quería dar su versión de los hechos.

El significado de la cinta es debatible dado que algunas partes no están claras, y la grabación no aporta nuevas evidencias contra Trump. El objetivo, no obstante, probablemente fue poner en duda la credibilidad del presidente y de su principal abogado.

La reacción de Trump a la difusión de la cinta revela hasta qué punto está deteriorada su relación con Cohen, quien trabajó para él durante una década y se encariñó con su familia.

La relación entre ambos empezó a resquebrajarse después del allanamiento de la oficina de Cohen. No se hablan desde hace meses y Giuliani no hace más que tirarle granadas a Cohen.

Si bien las grabaciones que hizo Cohen son poco ortodoxas, probablemente no hayan sido ilegales. Pero hay ciertas reglas que protegen la confidencialidad entre abogado y cliente, y restaría por verse si Cohen hubiera necesitado el visto bueno de Trump para difundir la cinta.

Steven Lubet, experto en cuestiones éticas en el ámbito jurídico de la Northwestern University, dice que Trump tiene una “queja legítima” y que se justifica el que cuestione las grabaciones de su abogado.

“La naturaleza de la relación entre abogado y cliente indica que hace falta el consentimiento del cliente para grabar” una conversación, sostuvo.

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Lemire informó desde Nueva York. El reportero de la Associated Press Eric Tucker colaboró en este despacho.

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