Una víctima chilena de abusos dijo el miércoles que espera que no sólo el arzobispo y cardenal de Santiago, Ricardo Ezzati, se presente a declarar ante un tribunal de justicia por presunto encubrimiento de un depredador sexual, sino que hagan lo mismo muchos de sus colegas.

Esta es la primera vez en Chile que un cardenal es citado a declarar como imputado.

Al anochecer el clérigo ofició una misa en la catedral de Santiago en conmemoración de los 457 años de la arquidiócesis. Algunos feligreses levantaron carteles para protestar por los abusos sexuales cometidos por sacerdotes, párrocos y religiosos de varias congregaciones.

Un detallado informe de la Fiscalía Nacional presentado el lunes señala que al menos 266 personas, en su mayoría niños, fueron agredidas sexualmente por curas, religiosos de varias congregaciones y un puñado de laicos vinculados a escuelas, donde sucedieron la mayoría de las agresiones de 1960 a la fecha.

“No nos robarán la esperanza; otra Iglesia es posible”, se leía en una enorme pancarta levantada por varias personas, y “No más obispos encubridores”, se afirmaba en otra.

Fue la primera actividad pública de Ezzati después de que la víspera fuera citado a declarar a un tribunal civil, donde lo interrogarán por el presunto delito de encubrimiento del abuso sexual cometido por su excanciller de la diócesis santiaguina, Oscar Muñoz, detenido el 12 de julio bajo el cargo de agredir sexualmente a cinco niños.

Concluida la misa Ezzati intentó acercarse a uno de los laicos que sostenía un cartel, pero alguien gritó “¡renuncia!” y se desataron una serie de empellones, por lo que el clérigo salió por una puerta lateral.

Ezzati, de 76 años, enfrenta otro juicio por supuestamente haber encubierto a Fernando Karadima, el mayor cura pedófilo de la Iglesia local, que abusó de gran cantidad de menores y adultos. El proceso fue adverso a las víctimas, que apelaron.

“A mí me parece que al cardenal Ezzati le queda poco de arzobispo de Santiago, pero le queda mucho, mucho camino todavía que recorrer frente a la justicia que se le viene encima a él y a todos sus colegas”, dijo a The Associated Press el periodista Juan Carlos Cruz, quien desde hace tiempo denunció haber sido víctima de abusos. “Esto no para aquí con Ezzati; sigue con muchos otros miembros de la Conferencia Episcopal chilena, el cardenal (emérito Francisco Javier) Errázuriz”, entre otros, agregó.

James Hamilton, otra víctima de Karadima, al igual que Cruz, anunció el miércoles que solicitarán que se incorporen al juicio relacionado con Karadima los últimos comunicados y declaraciones del papa Francisco en los que critica el escándalo de agresiones sexuales cometidas por sacerdotes que envuelve a la Iglesia chilena.

El fiscal nacional Jorge Abott anunció el miércoles que actualmente 68 personas son investigadas por abusos sexuales en Chile: 36 clérigos _tres obispos, 31 sacerdotes y dos diáconos_; 22 miembros de congregaciones religiosas; ocho laicos y dos cuyo estado aún se desconoce.

Ezzati presentó su renuncia al pontífice al cumplir los 75 años, edad en que deben dimitir los clérigos. La citación judicial podría influir para que el papa acelere la aceptación de su dimisión.

No obstante, un experto en sociología de la religión consultado por la AP, Cristian Parker, opinó que la demora de Francisco en remover o intercambiar obispos en las diócesis chilenas, incluida la de Santiago, se debe a que faltan candidatos sin manchas.

“El problema es el recambio. (Francisco) no tiene la certeza de vaya a ser un mejor remedio”, señaló Parker.

Por formar parte de la jerarquía católica, Ezzati no está obligado a presentarse físicamente al tribunal de Rancagua, 80 kilómetros al sur de Santiago, según la legislación civil vigente. Puede fijar un lugar como residencia e incluso la hora en que recibirá al fiscal Emiliano Arias.

Con una orden judicial en mano, Arias allanó en dos ocasiones las dependencias de la arquidiócesis de Santiago, donde Muñoz trabajaba bajo las órdenes directas de Ezzati. Arias dio a entender claramente la semana pasada que investigaría un posible encubrimiento por parte de Ezzatti.

El fiscal también explicó a la prensa que el material incautado en Santiago mostró que Muñoz abusó no sólo de un niño, sino de al menos cinco y que, tras denunciarse a sí mismo en enero de este año, siguió agrediendo sexualmente a niños.

Entre las principales actividades de Muñoz estaba la de recibir las declaraciones de víctimas sexuales de curas.

La Iglesia chilena pareciera ir en caída libre en un proceso que no se ha detenido desde febrero último.

Durante una visita a Chile en enero, Francisco se vio envuelto en polémica por defender al obispo Juan Barros, formado por Karadima, y por calificar de calumniadores a las víctimas. Poco después, el papa ordenó investigar a la Iglesia local.

Tras leer en marzo el informe de 2.300 páginas, Francisco aseveró de manera inédita que la Iglesia católica local vive desde hace décadas “una cultura de abuso sexual y encubrimiento”.

Los 31 obispos activos debieron poner sus cargos a disposición del papa, quien ya ha aceptado cinco renuncias.