Sergio Marchionne, un directivo de empresa carismático y exigente que salvó a Fiat y Chrysler de la casi segura bancarrota, murió el miércoles. Tenía 66 años.

La empresa matriz de los fundadores de Fiat, la familia Agnelli, anunció que Marchionne murió de complicaciones luego de una operación en Zurich. En la sede de Fiat Chrysler Automobiles en Turín, las banderas ondearon a media asta. En Roma, la comisión parlamentaria de trabajo y finanzas observó un minuto de silencio.

“Desgraciadamente, lo que temíamos ha sucedido”, dijo el heredero de Fiat, John Elkann. “Sergio Marchionne, el hombre y el amigo, se ha ido”.

Marchionne transformó a dos compañías en estado de caos, en la séptima automotriz mundial, Fiat Chrysler Automobiles, casi con la fuerza de su voluntad, viviendo a bordo de un jet empresario en el que cruzaba el Atlántico para impulsar a los empleados a lograr lo que la mayoría consideraba imposible en medio de una recesión global devastadora.

El ítalo-canadiense Marchionne había revivido a Fiat en 2009 cuando el gobierno estadounidense lo eligió para salvar a la estadounidense Chrysler, que había pasado por la bancarrota después de pertenecer a una financiera privada.

“Es sumamente improbable que Chrysler existiera hoy si no hubiera hecho esa apuesta”, dijo la analista Michelle Krebs, de Autotrader.com. “La empresa estaba en muy mal estado, sus dueños anteriores la habían despojado de todos sus recursos”.

Marchionne cumplió casi todas sus metas, aunque a veces todos en el sector automotor dudaban de él. Pero no vivió para alcanzar las dos últimas: entregar las riendas de Fiat Chrysler a un sucesor escogido por él y formular los planes para reestructurar a la fábrica de autos deportivos Ferrari.

Marchionne fue operado en el hombro derecho el mes pasado y la empresa dijo hace unos días que no regresaría debido a las complicaciones. No se difundieron detalles.

El directivo, conocido por su manera campechana de expresarse y por los suéteres de cachemira oscura que vestía en toda ocasión, era el favorito de los analistas del sector. Aún cuando expresaban dudas sobre la audacia de sus metas, lo admiraban por su destreza para los negocios. Así, logró que GM pagara 2.000 millones de dólares para desvincularse de Fiat, lo que resultó crucial para relanzar a la vieja automotriz italiana, y que el gobierno estadounidense le diera Chrysler sin pagar un centavo de anticipo a cambio de la tecnología Fiat de autos pequeños.

Marchionne llegó a Fiat, traído por la familia Agnelli para salvar a la empresa. Durante generaciones, había sido manejada por la familia, y traer a alguien de afuera de los cerrados círculos empresarios italianos _aunque fuese un dínamo como Marchionne_ significaba un cambio enorme.

Otras decisiones que resultaron cruciales fueron la separación de la fábrica de vehículos industriales pesados y camiones CNH y la de Ferrari. Ambas liberaron importantes valores para los herederos de la familia Agnelli, liderados por John Elkann. Elkann, de 42 años, se formó bajo la guía de Marchionne y asumió como presidente del directorio en 2010.

Marchionne era divorciado. Le sobreviven su pareja, Manuela Battezzato, y dos hijos adultos, Alessio y Tyler.

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Krisher informó desde Detroit. Nicole Winfield en Roma contribuyó a este despacho