El presidente Donald Trump examinó el lunes una lancha rápida, un caza y un imán industrial gigante durante una muestra de productos “Hechos en Estados Unidos” en la Casa Blanca, en un contexto en que su gobierno rechaza enérgicamente las aseveraciones de que los aranceles que impuso a mercancías importadas podrían perjudicar a la economía del país.

Trump asistió a esta exhibición de numerosos productos estadounidenses al empezar una semana que se prevé esté dominada por conversaciones sobre comercio, las cuales incluyen diálogo con autoridades europeas y una visita a Illinois en la que el mandatario tiene previsto acudir a una comunidad beneficiada por los aranceles que aplicó al acero.

Trump ha prometido que obligará a los socios comerciales de Estados Unidos a ceder a sus pretensiones en su intento de renegociar varios acuerdos de intercambio, a los que culpa desde hace mucho tiempo de perjudicar a los trabajadores estadounidenses. Sin embargo, mientras el mandatario amplía la participación de Washington en disputas comerciales brotan las interrogantes de si los consumidores estadounidenses resentirán las consecuencias de los aranceles punitivos y si el presidente pagará un precio político por sus políticas comerciales nacionalistas en las elecciones legislativas de 2018.

“Nuestros gobernantes en Washington no hicieron nada, nada. Permitieron que nuestras fábricas se fueran, que nuestra gente perdiera sus empleos”, declaró Trump en la Casa Blanca. “Eso no es libre comercio, ese es comercio de tontos, es un comercio estúpido y no efectuaremos más ese tipo de intercambio”.

Trump destacó que el miércoles se reunirá con autoridades europeas, entre ellas el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. Estados Unidos y sus aliados europeos tienen desavenencias debido a los aranceles que Trump impuso a las importaciones de acero, y las reuniones se efectuarán en una época en que la disputa amenaza con propagarse al lucrativo negocio de los automóviles.

“Quizá podamos llegar a algo”, afirmó.

El jueves, el presidente visitará Granite City, Illinois, donde la empresa U.S. Steel Corp. tiene una planta que fue reabierta después de que él impusiera los aranceles a las importaciones de acero.

En el Jardín Sur de la Casa Blanca, Trump caminó entre numerosos productos fabricados en el país, como un avión caza F 35 de Lockheed Martin, de Maryland; una camioneta pickup F-150 de Ford, de Michigan; un autobús recreativo Newmar, de Indiana, y una lancha rápida Ranger de Arkansas.

Trump ya ha aplicado impuestos a las importaciones de acero y aluminio bajo el argumento de que representan una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, pero esa afirmación hizo enfurecer a firmes aliados de Washington como la Unión Europea y Canadá.

Trump ha advertido que utilizará de nuevo la seguridad nacional como justificación para imponer aranceles a los coches, camionetas y autopartes importadas, que el año pasado alcanzaron un total de 335.000 millones de dólares.

Además, Trump ya aplicó aranceles a 34.000 millones de dólares en importaciones chinas en una disputa con Beijing debido a las políticas del gigante asiático hacia empresas de alta tecnología. El mandatario estadounidense advirtió que podría ampliar los aranceles a 500.000 millones de dólares en importaciones.