Al grito de “Candelaria nunca más” y con pedidos para frenar la violencia policial contra la población negra y de las favelas como consigna principal, unas 300 personas marcharon el lunes en el centro de la ciudad al cumplirse 25 años de la masacre de ocho jóvenes de la calle a manos de la policía.

La llamada “Masacre de la Candelaria” tuvo lugar la madrugada del 23 de julio de 1993, cuando cerca de 40 niños y adolescentes dormían frente a la Iglesia de la Candelaria, en el centro de Río de Janeiro, y fueron sorprendidos por un grupo de policías. Los uniformados abrieron fuego y perpetraron el asesinato de ocho chicos de entre 11 y 19 años.

Los tres policías condenados por el hecho están en libertad, favorecidos por indultos judiciales.

“No queremos caveirões (blindados de la policía), ¡queremos más dinero para salud y educación!”, gritaba un grupo de niños, a la cabeza de la marcha que unió Candelaria, lugar de la masacre, con la plaza céntrica de Cinelandia.

Por delante de los niños, avanzaban, sobre zancos, acróbatas vestidos con ropa camuflada ensangrentada como símbolo de la violencia de las fuerzas de seguridad.

Además del homenaje a las víctimas de la masacre, la protesta estuvo guiada por el rechazo a la intervención federal en la seguridad de Río, decretada por el presidente Michel Temer en febrero pasado. Tras un carnaval marcado por episodios de violencia, Temer delegó a las fuerzas armadas el manejo de las policías, el sistema carcelario y la inteligencia hasta el 31 de diciembre de este año.

Jurema Werneck, directora Ejecutiva de Amnistía Internacional en Brasil, denunció que las muertes por agentes del estado aumentaron un 60% en relación al año pasado de acuerdo a datos oficiales.

“Las policías no están para producir muertes, deberían defender la vida, proteger la paz del estado y del país”, dijo Werneck a The Associated Press.

“Basta de matanzas, Policía Militar asesina”, rezaban algunos de los carteles en la protesta.

Ana Paula Gomes de Oliveira de 40 años llegó a la Candelaria vistiendo una remera con la imagen de su hijo, Jonathan, asesinado por la policía en la favela de Manguinhos, zona norte de Río, en 2014.

“Mi sentimiento es de bronca, me gustaría que mi hijo hubiese sido la última víctima de este sistema, pero infelizmente sigue habiendo crímenes y con cada nueva víctima revivo todo”, dijo Gomes de Oliveira. “Quienes acaban siendo juzgados son las víctimas, por su color de piel o de dónde vivían, y nunca los asesinos. Esto se tiene que acabar”. ____ La periodista de AP en Río de Janeiro Beatrice Christofaro colaboró con este reporte.