Con sombras de ojos color gris pardo y su juramentación, la transformación de Sandra Ramírez de guerrillera a senadora estaba completa.

Ocho excombatientes de las disueltas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia fueron juramentados el viernes en sus puestos en otro paso crucial para implementar los acuerdos de paz del país, colocándose en sus escaños en el Congreso junto a algunos legisladores que durante años fueron sus archienemigos.

“Esta nueva responsabilidad que se nos viene en nuestros hombros es la expectativa de qué podemos hacer allá (en la cámara)”, dijo Ramírez, viuda de un legendario líder guerrillero. “Es un cambio de la vida en el monte, de las botas en el barro”.

Los políticos nóveles representan una pequeña facción en un Congreso que tiene la tarea de impulsar aspectos cruciales de los acuerdos de paz. Como parte de ellos, a los rebeldes les fueron garantizados 10 escaños en la legislatura, algo que ha hecho enfurecer a muchos colombianos.

En su discurso ante la nueva legislatura, el presidente saliente Juan Manuel Santos reconoció los titubeos de los colombianos para aceptar a los exguerrilleros como legisladores, pero dijo que incluirlos en la política es una poderosa demostración de democracia.

“Me llena de satisfacción que aquellos que por más de medio siglo combatieron con las armas al Estado y a sus instituciones, hoy se sometan a la Constitución”, afirmó el mandatario.

La ceremonia de juramentación se llevó a cabo apenas semanas antes de que el conservador Iván Duque asuma la presidencia del país, en medio de indicios de fragilidad de los acuerdos de paz. Durante toda su campaña, Duque se comprometió a modificar aspectos importantes del acuerdo, aunque después de los comicios ha suavizado algunas de sus posiciones.

Dos de los exlíderes de las FARC no ocuparon sus escaños en el Congreso el viernes. Seuxis Hernández permanece encarcelado en Colombia por cargos de drogas que le aplicó Estados Unidos, mientras que Iván Márquez está refugiado en un campamento rural para exguerrilleros, y les ha dicho a sus camaradas que teme por su seguridad.

Adam Isacson, de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos _un organismo de investigación y promoción de los derechos humanos_, dijo que la ausencia de Márquez, el principal negociador de los rebeldes durante las conversaciones de paz, es preocupante.

“Envía una señal de escepticismo que podría influenciar muchas decisiones de líderes de nivel medio sobre si se dan por vencidos (al abandonar los acuerdos) y se unen a un grupo disidente”, advirtió.

El conflicto en Colombia entre rebeldes izquierdistas, paramilitares y el Estado dejó al menos 250.000 muertos, 60.000 desaparecidos y millones de desplazados en una guerra que aún atormenta a muchos. Incluso cuando la cifra de homicidios ha disminuido a su menor nivel en cuatro décadas, en muchas partes del país los narcotraficantes y grupos armados ilegales más pequeños aún generan caos. Desde que se firmaron los acuerdos de paz, más de 300 líderes sociales y docenas de exrebeldes han sido asesinados.

Muchos temen que la ola de violencia pueda presagiar una repetición de los eventos en la década de 1980, cuando decenas de políticos izquierdistas afiliados al partido Unión Patriótica fueron abatidos.

Ramírez dijo que los excombatientes que asumieron cargos el viernes estaban al tanto de las amenazas que enfrentan.

“Nos preocupa enormemente”, comentó.

La mañana del viernes, Ramírez despertó a las 5:30 a.m. y se preparó para el monumental día de su transición a la vida civil. Se vistió con una falda color crema y una blusa esmeralda. Después acudió a un pequeño salón de belleza en un vecindario de clase trabajadora para que la peinaran y maquillaran.

Conforme la estilista finalizaba cuidadosamente de rizar las puntas de su largo cabello castaño, Ramírez sacó un par de aretes de perlas.

“¿Te gustan?”, le preguntó a una de sus asistentes.

“Sí, están muy bonitos”, respondió la joven.

Ramírez fue pareja del comandante en jefe Manuel Marulanda hasta su muerte en 2008, y aún utiliza principalmente su alias, Sandra Ramírez. En el Congreso fue juramentada con su nombre de nacimiento, Griselda Lobo. Eventualmente planea cambiarse legalmente el nombre a Sandra Lobo, para reflejar la doble identidad que muchos rebeldes tienen después de años de utilizar sus nombres de guerra.

En preparación para su vida como legisladores, ella y sus camaradas tomaron un curso intensivo en una universidad, que les enseñó sobre las funciones del Congreso, los distintos tipos de leyes y como presentar una propuesta.

Llamaron su coalición el Grupo por la Paz y planean enfocarse en implementar el acuerdo y defender los derechos humanos. Entre sus primeras propuestas hay ideas para mejorar las condiciones de los niños en zonas remotas y rurales del país, y mejores garantías para el acceso al agua.

“Nunca nos imaginamos estar aquí en el Congreso debatiendo los proyectos de ley”, dijo el líder rebelde convertido en senador Carlos Lozada al ingresar a la legislatura estatal.

Los exguerrilleros tienen un enorme desafío en su misión de convencer a los colombianos y tener algún tipo de influencia en el Congreso. Obtuvieron menos del 1% de los votos en las elecciones legislativas y siguen siendo sumamente impopulares en gran parte del país.

Muchos colombianos creen que los rebeldes deben presentarse ante un tribunal especial para la paz antes de asumir sus cargos en el Congreso.

“Primero deberían pagar por todo lo malo que hicieron, por todo el daño que hicieron a Colombia”, dijo Harold González, gerente de un hotel, mientras veía a un grupo de jóvenes jugar ajedrez a unas cuadras del Congreso.

Ramírez dijo que los exrebeldes están haciendo su parte al asumir responsabilidades, reuniéndose con las víctimas y disculpándose por sus crímenes. Comentó que ahora intentan embarcarse en un nuevo capítulo, aunque no olvidan los problemas del pasado.

Dijo que despertó el viernes con emociones encontradas. Afirmó que se sentía lista para asumir su nuevo papel, pero no pudo evitar pensar en sus camaradas que habían soñado con este día pero murieron antes de que llegara.

“Le trae a uno esos recuerdos, como añoranza, de querer que estuvieran en este momento”, declaró.