El impuesto a las gaseosas y otras bebidas azucaradas en Filadelfia fue ratificado el miércoles cuando el máximo tribunal del estado rechazó una objeción de los comerciantes y la industria de las bebidas.

La Corte Suprema falló que la tasa de 1,5 centavos de dólar por onza (28 gramos) está destinada a distribuidores y comerciantes, y no duplica de forma ilegal otro impuesto. La mayoría de cuatro jueces dijo que el estado grava las ventas a un nivel minorista, un costo que recae directo en el consumidor, pero que el impuesto a las bebidas aplica al nivel de distribuidor y en las transacciones entre comerciantes.

“Quien paga el impuesto a las bebidas es el distribuidor o, en ciertas circunstancias, los comerciantes, pero nunca el consumidor”, escribió a nombre de la mayoría el magistrado presidente Thomas Saylor.

La promulgación del impuesto a las bebidas azucaradas de Filadelfia ha inspirado a otras ciudades en el país a aprobar medidas similares. El impuesto de Filadelfia es formalmente llamado el impuesto a la bebida azucarada, pero su aplicación es más extensa e incluye algunas bebidas con sustitutos de azúcar.

El impuesto recaudó casi 79 millones de dólares en 2017, los primeros 12 meses de su implementación.

Los dos jueces en contra dijeron que el impuesto duplica otros ya implementados en ventas minoristas de las gaseosas en la ciudad, lo que viola la Ley Sterling que data de la época de la Gran Depresión.

De cargarlo por completo a los consumidores, el impuesto a las gaseosas podría incrementar el costo de seis botellas de 16 onzas (454 gramos) en 1,44 dólares.

El alcalde demócrata de Filadelfia Jim Kenney, elogió la decisión. El fallo “ofrece esperanza renovada para las decenas de miles de niños y familias de Filadelfia que luchan para mejorar sus vidas frente a la pobreza”.

El impuesto beneficia a las escuelas, parques, parques infantiles y librerías.