Atrapados en los recovecos de una cueva inundada en el norte de Tailandia, los 12 niños y su entrenador de fútbol intentaban cavar una salida cuando escucharon voces en la oscuridad. De inmediato, el entrenador les ordenó guardar silencio.

"No estábamos seguros de si era real”, dijo Adul Samon, de 14 años. "Así que paramos y escuchamos. Y resultó ser real. Me quedé impresionado”.

Ese sorprendente momento en el que dos buzos británicos encontraron al equipo de fútbol desaparecido fue recordado por los niños el miércoles en su primera conferencia de prensa desde el rescate que cautivó al mundo.

Todos se veían saludables cuando ingresaron al recinto, recibidos por aplausos de sus compañeros de clase y reporteros en una sala adornada como si fuera una cancha de fútbol en miniatura. Vestidos con uniformes de color verde, blanco y negro y adornados con un jabalí rojo _el sobrenombre del equipo_, los niños hicieron una demostración breve de sus destrezas con el balón antes de responder a las preguntas de los reporteros, las cuales fueron revisadas antes de la conferencia.

Los niños, cuyas edades oscilan entre los 11 y los 16 años, y su entrenador, de 25, habían salido del hospital donde estuvieron recuperándose durante más de una semana. Abrazaron a sus amigos antes de tomar sus asientos junto a médicos y miembros de la unidad especial de la Armada tailandesa que los rescató de la cueva de Tham Luang luego de más de dos semanas de estar atrapados.

Cada miembro del equipo de fútbol se puso de pie y se presentó por su nombre y posición. Los miembros de la Armada también se presentaron, pero utilizaron pseudónimos y portaron gorras y gafas oscuras para ocultar su identidad por cuestiones de seguridad.

En un momento conmovedor y emotivo, se mostró una fotografía de Saman Gunan, el ex buzo de la Armada que murió durante el rescate, y miembros del equipo mostraron su gratitud y respeto hacia él. Uno de los niños, Chanin Vibulrungruang, se cubrió los ojos como si estuviera enjugando una lágrima.

Adul fue el elegido para contar cómo los descubrieron los buzos británicos, debido a que él fue el que los saludó en el video oscuro grabado el 2 de julio que fue visto en todo el mundo.

Los miembros del equipo Jabalíes Salvajes entraron a la cueva de Tham Luang el 23 de junio para una excursión relajada luego de un entrenamiento de fútbol. Pero las lluvias del monzón anegaron rápidamente los estrechos pasadizos y les bloquearon la salida, por lo que se tuvieron que resguardar en un espacio seco muy adentro de la cueva.

El entrenador Ekapol “Ake” Chanthawong dijo que el viaje debía durar una hora, simplemente porque “cada uno de nosotros quería ver qué había dentro”.

Cuando se cumplió la hora, el equipo estaba muy adentro de la cueva y ya había nadado en algunas zonas inundadas, impulsado por su espíritu de aventura. Sin embargo, cuando trataron de regresar el entrenador descubrió que el camino ya no estaba despejado y comenzó a nadar para explorar la ruta, atando una cuerda a su cuerpo para que los niños lo pudieran jalar en caso de ser necesario.

Indicó que tuvieron que jalarlo.

Ekapool dijo que les comentó a los niños: “no podemos salir por aquí. Tenemos que encontrar otro camino”.

Los niños relataron a los reporteros sus reacciones en ese momento.

“Me asusté. Tenía miedo de que no llegaría a casa y que mi madre me regañaría”, dijo Mongkol Boonpiam, de 13 años, ante lo cual los asistentes rieron.

Ekarat Wongsukchan, de 14, comentó que decidieron “tranquilizarnos primero para tratar de resolver el problema y encontrar una salida. Teníamos que estar calmados y no consternados”.

El grupo no había llevado alimento para la excursión y sobrevivió bebiendo agua que goteaba de las paredes de la cueva, relató Ekapol, y agregó que todos los niños sabían nadar, un tema que preocupaba a los rescatistas.

Adul dijo que estaban excavando en una parte de la cueva cuando escucharon las voces y Ekapol les pidió guardar silencio.

Contó cómo Ekapol les indicó: “Rápido, vengan acá abajo; ése es el sonido de una persona, o van a pasar por aquí, algo así”.

Pero relató que el compañero que sostenía la linterna estaba asustado, así que Adul le dijo que “si tú no vas a ir, entonces yo iré”.

“Así que rápidamente tomé la linterna, y bajé y les dije ‘hola’”, añadió Adul.

Los psicólogos habían examinado las preguntas de los periodistas en la víspera de la conferencia para evitar que saliera a relucir cualquier aspecto del rescate que pudiera afectarlos. Los peligros del complicado operativo, en el que los niños salieron en tres misiones por separado con equipo de buceo y poleas a través de los estrechos pasajes, no se mencionaron.

Los médicos dijeron que los 13 estaban saludables de mente y cuerpo. Aunque perdieron un promedio de 4 kilogramos (9 libras) de peso durante las más de dos semanas que estuvieron atrapados en la cueva, desde su rescate han recuperado cerca de 3 kilos (6 libras y media) en promedio. Fueron atendidos por infecciones menores.