Una violenta campaña militar obligó a decenas de miles de rohinya, una minoría musulmana de Myanmar, a huir para seguir con vida. Ahora, la temporada de lluvias del montón supone nuevos peligros para los 900.000 rohinya que esperaban encontrar seguridad en los campos de refugiados del vecino Bangladesh.

Los deslaves, inundaciones y enfermedades transmitidas por el agua pueden darse con tanta rapidez que no den tiempo a reaccionar.

Los rohinya viven en colinas que en su día estaban cubiertas de bosques, cuyos árboles fueron talados para dejar hueco a los albergues. Este proceso ha afectado gravemente al suelo y las lluvias transforman rápidamente el suelo inestable en lodo, que a su vez puede provocar deslaves.

Durante meses, las autoridades trabajaron a contrarreloj para recolocar a las familias que corrían más peligro en zonas seguras. Pero, sencillamente, no hay tierra suficiente para hacerlo. Y la mayoría de los refugiados creen que regresar a Myanmar es demasiado peligroso.