Un atentado suicida dejó 20 muertos el martes en el norte de Afganistán, informó la policía, quien lo atribuyó al grupo extremista Estado Islámico.

Abdul Qauom Baqizoi, jefe de la policía provincial en Sar-i-Pul, dijo que el ataque se produjo cuando los ancianos de la aldea se reunían con representantes talibanes en la zona. Entre los muertos hay un comandante talibán.

El Talibán y el Estado Islámico han librado amargas batallas en los últimos días en el norte del país. Hasta 100 insurgentes de ambos lados han perecido en luchas recientes, dijo Baqizoi.

El jefe del consejo provincial, Mohammed Noor Rahman, dijo que la explosión del martes ocurrió en una mezquita cuando se estaba llevando a cabo un funeral.

Por otra parte, al menos 54 personas, incluyendo personal de seguridad y civiles, fueron liberados de una prisión talibán en la provincia de Helmand, en el sur de Afganistán.

Omar Zwak, portavoz del gobernador provincial, dijo que entre los liberados había 32 civiles, 16 policías, cuatro soldados y dos médicos militares que fueron encarcelados por los insurgentes.

Los talibanes no hicieron comentarios de inmediato sobre la operación, pero controlan la mayor parte de los distritos de Helmand, donde incrementaron sus ataques contra las autoridades provinciales y las fuerzas de seguridad.

Los insurgentes rechazan desde hace tiempo el diálogo directo con el gobierno afgano y piden negociar en su lugar con Estados Unidos. Funcionarios del gobierno de Donald Trump dijeron el lunes que por primera vez Estados Unidos estaría dispuesto a mantener conversaciones directas con los talibanes para animar al diálogo entre el grupo y el gobierno afgano para el final a una guerra de 17 años. Esto supone un cambio táctico de Washington, que antes únicamente parecía dispuesto a participar en discusiones con los extremistas si en ellas estaba presente también Kabul.

Estados Unidos invadió Afganistán tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y derrocó al gobierno talibán que había dado cobijo a Al Qaeda. En la actualidad en el país hay unos 15.000 soldados estadounidenses, en su mayoría destinados a la formación de las fuerzas gubernamentales.