El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, dijo el sábado que no está dispuesto a adelantar las elecciones generales y que quienes piden su salida del poder deben respetar las leyes que le permiten mantenerse en el cargo hasta 2021.

"Aquí las reglas las pone la Constitución de la República a través del pueblo. Las reglas no pueden venir a cambiarlas de la noche a la mañana porque se le ocurrió a un grupo de golpistas", dijo Ortega ante una multitud de simpatizantes y empleados estatales que participaron en una “Caminata por la paz” en la capital, Managua.

Ortega, quien lució más delgado que la última vez que compareció en público el 30 de mayo, responsabilizó a sus adversarios de las muertes registradas desde el inicio de las protestas en abril. Según grupos de derechos humanos, más de 250 personas perdieron la vida en este tiempo, en su mayoría jóvenes estudiantes baleados por policías y paramilitares.

“Si los golpistas quieren llegar al gobierno, que busquen el voto del pueblo", insistió el gobernante al referirse a los movimientos liderados por estudiantes que han pedido su salida del poder. Los disconformes acusan a Ortega de pretender instaurar una dictadura marcada por la corrupción y el nepotismo junto a su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo.

El acto de Managua sustituyó a la caminata de “El Repliegue” hasta la ciudad de Masaya, un acto del Frente Sandinista de Liberación Nacional que conmemora la resistencia contra la dictadura de Somoza. Tras 38 años consecutivos celebrándola, este año no fue posible repetirlo ya que esta ciudad se rebeló contra Ortega.

"Ya veremos si el pueblo le va a dar el voto a los golpistas que han provocado tanta destrucción en estas semanas. Ya habrá tiempo para las elecciones”, dijo Ortega.

"Los sembradores de la cizaña están sembrando tácticas terroristas para asesinar a sus hermanos nicaragüenses", denunció el gobernante, de 72 años, al calificarlos de "vándalos" y "bandas de delincuentes".

La crisis en Nicaragua se inició con una protesta estudiantil el pasado 18 de abril y se agravó tras la violenta represión de policías y paramilitares contra manifestantes civiles.

Mientras Ortega daba su discurso en la capital, continuaba en ciudades del norte y centro del país lo que el gobierno y sus simpatizantes han denominado la “caravana de la paz”, que desaloja con violencia los atascos viales que han paralizado buena parte de las carreteras del país.

El cardenal Leopoldo Brenes pidió el domingo a Ortega detener esas acciones.

“Por favor, en el nombre de Dios, detengan esa acción, que va a llevar más dolor, más tristeza y quieran o no, esta situación la cargan sobre sus hombros”, dijo Brenes durante una homilía en la catedral de Managua.

El obispo auxiliar de Managua, Silvio José Báez, dijo que las autoridades eclesiásticas, que han realizado tareas de mediación, evaluarán si las pláticas entre las partes pueden reanudarse esta semana.

“Ellos (el gobierno) serán los responsables, si el diálogo se rompe, de no haber querido involucrar una salida pacífica a esta crisis nacional que ellos mismos han provocado, y la historia los juzgará por intransigentes, mentirosos y soberbios”, dijo Báez.