El papa Francisco agradeció el viernes a los grupos de apoyo que rescatan y cuidan a los migrantes y denunció la "hipocresía estéril" de quienes se hicieron de la vista gorda ante el sufrimiento de los pobres del mundo que buscan seguridad y una vida digna.

Francisco ofició el viernes una misa especial para los migrantes y sus defensores en la Basílica de San Pedro, llamando la atención sobre su situación difícil mientras Europa, Estados Unidos y otros países les cierran cada vez más sus puertas, puertos y fronteras.

La misa íntima conmemoró el quinto aniversario de la visita del papa a Lampedusa, la isla siciliana que durante años fue el principal destino de las personas que se embarcaban en la peligrosa travesía por el Mediterráneo desde Libia hacia Europa. Durante el viaje, el primero de Francisco fuera de Roma luego de su nombramiento en 2013, el nuevo papa denunció la "globalización de la indiferencia" mostrada por el mundo ante los migrantes que huían de la guerra, la pobreza y los desastres naturales provocados por el cambio climático.

Desde entonces y sobre todo en meses recientes, los gobiernos de Italia, Estados Unidos, Hungría y otras partes han adoptado políticas antiinmigrantes severas que van en contra del constante llamado papal a los gobiernos a abrir sus corazones y puertas a los necesitados.

En particular, Italia y Malta han cerrado sus puertas a los grupos de ayuda que rescatan migrantes en el Mediterráneo, mientras que el gobierno del presidente Donald Trump impuso una política, ya descartada, para separar a niños de sus padres luego de cruzar la frontera entre México y Estados Unidos.

Francisco no hizo referencia a ningún país en particular en su homilía, pero dijo que la única "respuesta razonable" al actual fenómeno de la migración global es mostrar solidaridad y misericordia. La respuesta, dijo, debe considerar la distribución equitativa de las responsabilidades mientras asegura los derechos y dignidad de todos.

Haciendo referencia a la parábola del buen samaritano, el pontífice denunció la "hipocresía estéril de aquellos que no se quieren ensuciar sus manos" cuidando a los más débiles y más marginales de la sociedad.

Tal tentación, agregó, está "poderosamente presente" hoy en día conforme el mundo lucha contra el flujo migratorio.

"Adopta la forma de cerrar nuestros corazones para aquellos que tienen el derecho, igual que nosotros, de condiciones de vida seguras y dignas. Construye muros, reales o virtuales, más que puentes", dijo.

En español, su lengua materna, Francisco agradeció a los representantes de los grupos de ayuda presentes por encarnar la parábola del buen samaritano "que se detuvo a salvar la vida del pobre hombre golpeado por los bandidos".

"Sin preguntarle su procedencia, sus razones de viaje o sus documentos, simplemente decidió de hacerse cargo y salvar su vida", agregó Francisco.

Destacó la mención dado que el nuevo ministro de Interior de Italia, el antinmigrante Matteo Salvini, ha acusado a los grupos de ayuda de trabajar básicamente como "servicios de taxi" para los traficantes con sede en Libia y ha cerrado los puertos de Italia a sus buques de rescate.