La reforma migratoria de los republicanos quedó estancada el jueves en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, amenazada por las obstinadas diferencias entre los grupos moderados y conservadores del partido, y por los comentarios del presidente Donald Trump sobre un proyecto de ley que él había apoyado a medias y que luego insinuó que nunca se convertiría en ley.

Los líderes republicanos se vieron obligados en dos ocasiones a postergar una votación final, primero hasta el viernes y luego hasta la próxima semana, mientras los negociadores hacen un último esfuerzo para conseguir apoyo.

Tratan de persuadir a sus copartidarios de que aprovecharan la oportunidad y aborden los problemas de inmigración con la iniciativa, la cual incluye 25.000 millones de dólares para el muro fronterizo propuesto por Trump y un mecanismo para la naturalización de algunos jóvenes inmigrantes que llegaron al país de manera ilegal cuando eran niños, también conocidos como “dreamers”.

El republicano Steve Scalise dijo el jueves por la noche que continuarían tratando de hallar un consenso para la medida.

Horas antes, el presidente de la cámara baja Paul Ryan parecía resignado a la derrota, pero abrigaba la esperanza de que el proyecto negociado entre la mayoría republicana de la cámara pudiera sembrar la semilla para una eventual resolución.

“En verdad pienso que estamos avanzando en el tema incluso si no se aprueba nada”, indicó.

Y no estaban listos para darse por vencidos.

Tras una reunión a puerta cerrada, los legisladores republicanos dijeron que había planes para agregar dos cláusulas al proyecto de ley para ganar más apoyo.

Una requeriría que los empleadores utilicen un sistema en línea para verificar la ciudadanía de sus trabajadores, lo que podría atraer a los conservadores. La otra facilitaría a los patrones conservar a los trabajadores inmigrantes, con lo que podría aumentar el apoyo de los republicanos de las regiones agrícolas. Una iniciativa de ley sobre esos temas había sido prometida para julio, pero los legisladores escépticos la querían antes.

La confusión entre los republicanos sobre la iniciativa mostró los límites de la estrategia republicana de intentar impulsarla solos, aun cuando los republicanos controlan tanto el Congreso como la Casa Blanca.

Los republicanos no han podido aprobar una reforma migratoria por su cuenta, pese a hablar del tema durante años. El posible colapso de su intento más reciente destaca la realidad de que hallar soluciones en materia de inmigración probablemente requerirá un consenso bipartidista.

El mismo Trump lo reconoció. “Se necesitan dos para bailar tango”, dijo.

Sus comentarios, realizados antes de la votación del jueves, no ayudaron a una situación que ya era delicada. Quizás debería invitar a los líderes demócratas Nancy Pelosi y Chuck Schummer a la Casa Blanca, comentó el mandatario.

“Debemos poder crear un proyecto de ley. Los invitaría a venir a la Casa Blanca cuando quieran. Esta tarde estaría bien”, dijo Trump. Sin embargo, los líderes demócratas en el Congreso no se presentaron.

De hecho, los demócratas no mostraron ningún interés en ayudar a los republicanos sin cambios fundamentales para incluir sus prioridades.

“No es una solución negociada”, dijo Pelosi. “Quizás esté negociada con el diablo, pero no con los demócratas”.

En lugar de ayudar a llevar la iniciativa hasta la meta, los confusos mensajes de Trump reforzaron su papel como un socio poco fiable para los legisladores republicanos en relación al debate sobre inmigración.

Primero, el mandatario se distanció de las negociaciones para después comentar que no le gustaba lo que habían hecho. Posteriormente cambió el curso y dijo que apoyaría ese proyecto y una medida más conservadora que fue rechazada el mismo jueves.

Después, tuiteó que pasara lo que pasara en la Cámara de Representantes, cualquier proyecto moriría en el Senado debido a que los republicanos solo tienen 51 votos, que no son suficientes para superar el umbral de 60 votos para poder vencer una obstrucción de los demócratas.

Apenas hace dos días el presidente había acudido al Capitolio para apoyar ambas medidas.

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Los periodistas de The Associated Press Alan Fram, Laurie Kellman y Kevin Freking contribuyeron a este despacho.