Fieles exigen conocer causas para sacar a obispo chileno.

Inéditas coincidencias registran los divididos feligreses de Osorno, en Chile: exigen saber por qué el papa Francisco removió a un controversial obispo impuesto por él mismo y dudan si asistir a una...

Inéditas coincidencias registran los divididos feligreses de Osorno, en Chile: exigen saber por qué el papa Francisco removió a un controversial obispo impuesto por él mismo y dudan si asistir a una eucaristía el domingo en la que sus emisarios buscan encaminarlos hacia la reconciliación.

Las divisiones en esta ciudad, 950 kilómetros al norte de Santiago, atraviesan la sociedad y hay fieles, familias y hasta sacerdotes que no se hablan porque estuvieron a favor o en contra del obispo Juan Barros, impuesto por el papa en 2015 a sabiendas de las acusaciones de encubrimiento de abusos sexuales que pesaban en su contra.

El sacerdote Américo Vidal dijo el sábado a The Associated Press que “esto no es borrón y cuenta nueva. Con una misa nosotros no solucionamos todo, con un abrazo de paz no solucionamos todo, es un maquillaje, un ropaje”.

Es tal el daño que sienten los osorninos, a los que el papa trató hace unos años de “tontos” y zurdos” por no aceptar a Barros, que ahora como gesto de reparación les envió al arzobispo Charles Scicluna y el presbítero Jordi Bertomeu a escuchar sus penas y esperanzas. En algunas reuniones con comunidades parroquiales, Scicluna oyó a varios quejarse porque no pueden olvidar la ofensa.

Scicluna seguía el sábado invitando a todas las comunidades a recibir el domingo en la catedral al nuevo administrador apostólico de la diócesis, Jorge Concha, “en signo de unidad para que recemos juntos por el bien de la Iglesia local”, aunque algunos grupos continúan discutiendo si deben ir o no.

En su misión de cuatro días en Osorno, los emisarios papales se vieron obligados a escuchar testimonios de unas 20 personas que les relataron abusos sexuales a manos de religiosos. Los organizadores los habían excluido de su agenda.

Francisco mandó a sus emisarios por primera vez a Chile en febrero para recibir antecedentes sobre Barros, tras un escándalo internacional porque defendió férreamente al hoy exobispo, asegurando que no habían pruebas en su contra, y maltrató a un grupo de víctimas de abusos tratándolas de “calumniadores” por acusar a Barros.

Los investigadores elaboraron un informe de 2.300 páginas que llevó al papa a afirmar que la Iglesia Católica chilena vive hace décadas una “cultura de abuso y encubrimiento” y a exigir la renuncia de los 31 obispos chilenos activos, de las cuales ya aceptó tres, incluso la de Barros a inicios de semana.

“Necesitamos tener acceso a la verdad tras un escándalo, como condición mínima para un proceso de reconciliación”, declaró a The Associated Press Juan Carlos Claret, vocero de la “Agrupación de Laicos y Laicas de Osorno”, formada para impedir, sin éxito, la llegada de Barros en 2015.

Precisó que demandan acceso a la parte del informe referida al exobispo, especialmente a actos que puedan constituir delitos.

José Manuel Rozas, líder de los “Fieles Católicos de Osorno” defensores de Barros porque fue enviado por Francisco, señaló a la AP que su grupo demanda “claridad” sobre la remoción del religioso.

Sin embargo, Bertomeu aseveró que el contenido del informe “nunca se hará público porque el papa quiso que fuese así para que todo el mundo pudiera hablar con la máxima tranquilidad y confidencialidad”.

“No se puede iniciar un proceso de reconciliación si seguimos con el secretismo, si seguimos con el ocultismo porque eso es construir sobre barro”, respondió Rozas.

Barros siempre negó haber visto abusos sexuales cometidos por su formador, el cura pedófilo Fernando Karadima, condenado a una vida de penitencia y oración.

El pontífice lo asignó a Osorno a pesar de que algunos obispos, laicos, sacerdotes y víctimas le recomendaron no hacerlo. Una misiva del papa, de enero de 2015, revelada por AP demostró que el pontífice ya conocía en 2015 las acusaciones contra Barros y que estuvo dispuesto a aceptarle su renuncia, y remover a otros dos obispos activos salidos del semillero de Karadima.

Qué sucederá con la eucaristía, a la que han sido invitadas todas las comunidades osorninas “para iniciar un camino de reparación y reconciliación”, según indica el programa de los emisarios papales, sólo se despejará el domingo.

El párroco Vidal declaró que “tengo muy claro que no es una reparación definitiva” la del domingo y que la reconciliación tardará por los menos unos tres años.