El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu se presenta a las elecciones generales, este martes, con una sola incógnita. El triunfo de su coalición Likud Beitenu parece asegurado porque dobla en las encuestas a los laboristas, segundos en estimación de voto. Pero quedará lejos de la mayoría para gobernar en solitario, así que la duda de 'Bibi' —el apodo con el que se le conoce en Israel— es elegir a sus compañeros de viaje y decidir el precio que está dispuesto a pagar por su apoyo.

Dos son las opciones que maneja: repetir la alianza de esta legislatura con grupos religiosos y nacionalistas; o formar una coalición ecléctica y de todo pelaje ideológico. Lo segundo le permitiría maniobrar una agenda más amplia en asuntos como Palestina, Irán o la crisis presupuestaria del país... y de paso dar estabilidad a su gabinete durante toda la legislatura. "Si Netanyahu quiere un gobierno duradero no debería aglutinar menos de 70 escaños de los 120 del Parlamento", comenta a 20minutos.es por teléfono Mario Sznajder, politólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalem.

Desde hace 30 años ningún partido ha podido gobernar en Israel con menos de tres aliadosSegún la última encuesta publicada en el diario Haaretz, sin embargo, Netanyahu apenas logrará 32 asientos. Así que necesitará varios socios, una circunstancia que ya viene siendo habitual en la política de Israel: desde los años 80 ningún partido ha gobernado Israel con menos de tres aliados.

Una atomización electoral que dificulta mucho la formación de gobiernos y la toma de decisiones y que está causada tanto por la diversidad étnica —muchos partidos representan razas o religiones, más que posiciones políticas— como por un sistema electoral de 'distrito único' que otorga escaños de forma proporcional a los votos. Tampoco ayuda que la barrera de entrada al Parlamento sea muy baja, de apenas un 2% de los sufragios.

La coalición de Likud y Yisrael Beitenu no ha sentado bien a los   electores de ambos partidos políticosLa victoria apabullante que se esperaba para Likud Beitenu hace dos meses —favorecida por el apoyo del pueblo israelí a la operación Pilar de Defensa en Gaza— se ha diluido desde entonces. De los 43 escaños que les adjudicaban los sondeos en noviembre, han pasado a los 32 de la última encuesta. Muy lejos de los 61 requeridos para gobernar en mayoría. Y es que la coalición formada por Likud y Yisrael Beitenu (el partido comandado por Avigdor Lieberman, el ministro de Exteriores en el gobierno de Netanyahu) no ha sentado bien a los electores. 

"Al fusionarse, muchos votantes de ambos partidos que recelan del líder contrario, ya sea Netanyahu o Lieberman, han preferido votar a otro partido de derecha, como los ultraconservadores Habayit Hayehudi", explica a este medio Eran Shayson, director de Seguridad Nacional y Asuntos Estratégicos del Reut Institute, un think-tank que se encarga de asesorar al Gobierno israelí.

El centro-izquierda no se da por vencido

La tendencia bajista en las encuestas de Likud Beitenu ha despertado los ánimos entre la izquierda israelí. "Si conseguimos 25 escaños, el presidente Shimon Peres podría encomendarnos la formación de Gobierno", aseguraba recientemente la líder laborista, Shelly Yachimovich.

La experiodista y candidata de HaAvoda ("trabajadores", en hebreo) está poniendo el foco de su campaña en la economía, por encima del conflicto palestino o la amenaza nuclear de Irán. Las finanzas de Israel cerraron el ejercicio de 2012 con un déficit del 4,2% sobre su PIB (2,2 puntos por encima de lo previsto y superior al 3% establecido por ley) y todavía resuena el eco de las acampadas que los indignados israelíes organizaron en el bulevar Rothschild de Tel-Aviv en el verano de 2011.

"El reto de la izquierda es orientar la campaña a aspectos sociales y económicos, pero la sensación de seguridad que proporciona Netanyahu es percibida por todo el país", puntualiza Eran Shayson.

Shelly Yachimovich, la candidata del partido laborista (Facebook de Yachimovic)

La estimación de voto para los laboristas no es optimista. Las últimas encuestas les otorgan 17 escaños. Y en una futura coalición con los partidos de centro (Kadima, Hatnuah y Yesh Atid), de izquierda (Meretz, Hadash) y proárabes (Balad, Ta'al) sumarían 57 asientos, a cuatro de la mayoría. Pero un 15% de los 5.656.705 electores llamados a las urnas siguen indecisos y es un nicho donde la izquierda cree que apuede rescatar apoyos.

La estimación de voto para los laboristas no es optimista; las últimas encuestas les otorgan 17 escaños"Su esperanza ante los indecisos no es muy real; esos votos suelen dividirse en el mismo porcentaje que los decisos", argumenta Mario Sznajder. "Además la izquierda tiene el problema añadido de la abstención. Los jóvenes en Israel votan cada vez menos y los árabes-israelíes acuden por debajo del 50% a las urnas. Los partidos proárabes están frustrados porque no logran atraer esos votos. En cambio, el 90% de los ultraortodoxos judíos sí acuden a votar, animados por sus rabinos", puntualiza este politólogo israelí.

Consciente de que una alianza fuerte de centro-izquierda podría llegar al poder, Tzipi Livni, la ganadora de las elecciones de 2009 con Kadima (aunque no logró los apoyos suficientes para gobernar) y candidata esta vez con su nuevo partido Hatnuah, se reunió el pasado 6 de enero con Shelly Yachimovich y con Yair Lapid (un popular presentador de televisión metido en política con su formación Yesh Atid) para intentar crear un contrapeso a Likud Beitenu.

Pero la reunión acabó en desastre. "Para Livni no somos más que forraje para sus propios objetivos; esta reunión no era más que una excusa para intentar aliviar su falta de apoyos", lamentaron Yachimovich y Lapid en una rueda de prensa conjunta sobre la actitud de la exministra de Exteriores en el gobierno de Ehud Olmert.

Netanyahu deshoja la margarita

Según la encuesta de Haaretz, un pacto de Likud Beitenu con los ultraderechistas Habayit Hayehudi y los religiosos Shas y United Torah Judaism, proporcionaría al primer ministro israelí una mayoría de 63 asientos. "Los partidos religiosos formarán parte de la coalición de Netanyahu, sí o sí", pronostica Eran Shayson. "Ha sido así en todas las elecciones. No recuerdo la última donde no hayan estado presentes. Pero la agenda de estos grupos no es política, tiene más que ver con asuntos domésticos, con la economía o la educación. A Netanyahu le pedirán compensaciones que mejoren la calidad de vida de su gente"

Si Netanyahu se apoya solo en religiosos y ultranacionalistas  la retirada de uno de ellos de la coalición crearía una crisis El politólogo Mario Sznajder contempla un escenario más amplio. "Si Netanyahu se apoya solo en grupos religiosos y ultranacionalistas tendrá una mayoría tan pequeña, que la retirada de uno solo de esos partidos provocaría una crisis de Gobierno. Así que necesitará a un partido de centro, ya sea el de Livni o el de Lapid. De este modo alcanzaría unos 75 escaños y aseguraría la supervivencia de su gobierno".

Los votos de Lapid y Livini proceden de la debacle de Kadima. El partido creado en 2005 por el exprimer ministro Ariel Sharon —en coma vegetativo desde hace siete años— se enfrenta a un escenario sombrío en estos comicios. La lista encabezada por Shaul Mofaz apenas retendrá un par de escaños de los 28 que logró en 2009.

"En realidad no hay mucha diferencia entre estos tres partidos de centro", estima Shayson. "El de Lapid será además un voto de 'estilo telenovela", añade Mario Sznajder; "es un periodista muy popular en Israel pero con un discurso difuso. Sus palabras bonitas no dicen nada, pero estás llegando mucho a la sociedad moderna y cautiva de la televisión".

Yair Lapid, presentador televisivo y candidato de los centristas Yesh Atid (Facebook de Lapid)

Netanyahu cuenta a su favor con la opinión pública por la liberación durante su legislatura del soldado Gilat Shalit y la mano dura con los palestinos en represalia al lanzamiento de cohetes a suelo israelí. Pero también ha habido aspectos oscuros en su mandato; las relaciones con Estados Unidos se han enfriado en comparación con los anteriores Ejecutivos de Sharon y Olmert, especialmente después de que el líder de Likud relanzara los asentamientos de colonos en Cisjordania tras la aceptación de Palestina como Estado Observador en la ONU.

"El gobierno que salga de las urnas será previsiblemente débil, así que Netanyahu necesitará socios tanto de derecha como de centro-izquierda para efectuar las reformas que plantee", estima Mario Sznajder. "Aparte", añade Eran Shayson; "una coalición con partidos de centro le podría proporcionar más apoyo internacional porque Livni, Lapid y Mofaz le obligarían a moderar su posición nacionalista respecto a Cisjordania y le presionarían para reemprender las negociaciones con el líder palestino Mahmud Abbás".

En Israel no se resolverán los problemas sociales, sin resolver el tema palestino-israelíLa economía también es un escollo para Netanyahu. Las elecciones se han adelantado a este 22 de enero precisamente porque no tenía apoyos suficientes en su coalición para aprobar los presupuestos de 2013. El déficit se descontroló el año pasado, el precio de la vivienda se ha disparado y los analistas esperan profundos recortes en las cuentas públicas, además de una subida del 1% en el IVA —actualmente situado en el 17%— y del IRPF. Netanyahu tuvo que aparecer este viernes en la televisión israelí para prometer que no subirá los impuestos, en un claro mensaje hacia el electorado de clase media.

Los expertos, sin embargo, hacen depender la reactivación económica de conseguir un acuerdo de paz. "En Israel no hay manera de resolver los problemas sociales sin resolver el tema palestino-israelí. El presupuesto de las Fuerzas Armadas es enorme. Si se alcanzara la paz, se podría usar ese dinero en solucionar los problemas económicos", asegura Sznajder. La izquierda ha expresado que si hay más recortes, deben realizarse en Defensa. 

Irán, Cisjordania... una legislatura difícil

Netanyahu ya ha avisado que, de ser elegido, su prioridad será "frenar el plan iraní de hacerse con armas nucleares". Pero su idea de ataque inmediato contra Irán no la comparte su socio de coalición Avigdor Lieberman, que considera que las sanciones internacionales impuestas están funcionando para presionar al régimen de los ayatollahs. Estados Unidos también prefiere esperar. Pero Netanyahu no tiene tanta paciencia. Los analistas creen que Irán dispondrá de su primera cabeza nuclear en 2014. Así que las elecciones persas en junio de 2013 —Ahmadineyad abandonará el poder tras dos legislaturas— pueden decidir la postura israelí.

El presupuesto será decisivo en un eventual ataque a Irán"En realidad, la política israelí sobre Irán puede depender del ministro de Defensa que elija Netanyahu. Si opta por Mofaz [líder de Kadima] o Lieberman se adoptará una estrategia de contención y menos beligerante que en el supuesto de que el elegido sea de nuevo Ehud Barak o incluso Moshe Ya'alon [actual ministro de Asuntos Estratégicos]", sugiere Eran Shayson.

"El presupuesto también será decisivo en un eventual ataque a Irán", matizaba Félix Artega, investigador del Real Instituto Elcano, durante un debate celebrado el pasado martes en Casa Sefarad, en Madrid. "Las políticas de seguridad en el mundo están ahora muy condicionadas por los recortes en las cuentas públicas, que obligan a ser cautos en el uso de la fuerza".

Tzipi Livni, durante una reciente visita a Jerusalén (Facebook de Livni)

Pero no es Irán, sino Palestina, la que siendo vertebrando la política israelí. En realidad, es el eje sobre el que gira todo el país, acostumbrado a observar con naturalidad cómo sus adolescentes militares pasean fuertemente armados por las calles mientras realizan el servicio obligatorio de tres años (dos para las chicas) en las Fuerzas Armadas.

"La autodefensa no es una obsesión, es la respuesta a una realidad", comentaba Carlos Echevarría, profesor de Relaciones Internacionales de la UNED, en el foro de Casa Sefarad. "Los occidentales vivimos sin amenazas y no podemos entender la sensación de inseguridad de los israelíes. Mientras ellos no se sientan seguros, seguirán votando a aquellos partidos que piensen que les proporcionarán esa seguridad, ya sea a través de la fuerza... o de los acuerdos de paz".

Hoy en día, la politica israelí no debate si terminar el control sobre Palestina... sino cómo terminarloPara Netanyahu será más fácil gestionar el asunto palestino en una coalición con partidos centristas [más proclives a la negociaciónque con partidos ultraconservadores, por el apoyo que recibiría de la comunidad internacional. El primer ministro israelí se ha declarado dispuesto a reanudar las conversaciones de paz, pero exige sentarse a negociar "sin condiciones previas". Los palestinos, sin embargo, exigen que antes se frenen los asentamientos. Y 'Bibi' no quiere pasar por ese aro. En una entrevista publicada este viernes en Maariv, advierte que, con independencia de los socios de Gobierno que elija, no desalojará a los colonos en Cisjordania. "Los días de las excavadoras que desarraigan judíos han quedado atrás", aseguró el líder de Likud Beitenu para desmarcarse de quienes insinúan que, necesitado de apoyos centristas, pueda replicar en Cisjordania el desalojo de Gaza que Sharon llevó a cabo en 2005.

Socios para mantener y fomentar los asentamientos no le van a faltar. La gran 'sensación mediática' de estas elecciones ha sido Naftali Bennett, un magnate de las nuevas tecnologías y exjefe del gabinete de 'Bibi' en la pasada legislatura. Bennett se presenta a las elecciones con Habayit Hayehudi ('La casa de los judíos'), una agrupación de corte ultranacionalista y defensora de anexionar la zona C, un área que representa el 60% del territorio cisjordano. "De hecho, menos los izquierdistas de Meretz, todos los partidos apoyan que los asentamientos actuales permanezcan bajo titularidad israelí, aunque en un futuro proceso de paz suponga su intercambio por otros territorios", afirma Eran Shayson.

"Hoy en día, la politica israelí no debate si terminar el control sobre Palestina, sino cómo terminarlo", añade este asesor gubernamental y miembro del Reut Institute. "Algunos en la derecha están intentando vender sueños, diciendo que podemos anexionar unilateralmente Gaza y Cisjordania si lo deseáramos. Pero en la izquierda también están vendiendo el sueño de que, si quisiéramos, podríamos llegar a un acuerdo de paz mañana mismo".