Médicos inseguros sobre futuro de exespía e hija envenenados

Los médicos que atendieron por envenenamiento al exespía Sergei Skripal y a su hija Yulia admitieron que creían que ambos iban a morir y que todavía no saben cuál será su previsión a largo plazo. El...

Los médicos que atendieron por envenenamiento al exespía Sergei Skripal y a su hija Yulia admitieron que creían que ambos iban a morir y que todavía no saben cuál será su previsión a largo plazo.

El padre y su hija fueron hallados inconscientes en la ciudad inglesa de Salisbury el 4 de marzo, luego de haber tenido contacto con una sustancia neurotóxica conocida como Novichok. Pasaron semanas en coma en condición crítica, pero luego se recuperaron y fueron dados de alta.

Gran Bretaña dijo que Rusia es responsable del envenenamiento con el químico de nivel militar, pero Moscú niega rotundamente la acusación. El incidente ha provocado una crisis diplomática estilo Guerra Fría entre Rusia y Occidente, incluso la expulsión de cientos de diplomáticos de ambas partes.

Gran Bretaña solicitó el martes una conferencia especial del organismo mundial para las armas químicas "en respuesta a los impactantes ataques químicos", incluidos los ocurridos en Salisbury, los de la guerra civil siria y los cometidos por el grupo Estado Islámico en Irak.

El ministro británico de Exteriores, Boris Johnson, dijo que el Reino Unido y otros 10 países, entre ellos Estados Unidos, solicitan que la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) se reúna el mes próximo "para tomar acción y reafirmar y defender la prohibición a las armas químicas".

Gran Bretaña dice confiar en que conseguirá el respaldo de 64 de los 192 países miembros del organismo, el número necesario para lograr una conferencia.

Sergei Skripal, de 66 años, es un exagente de la inteligencia rusa que fue condenado por espiar a favor de Gran Bretaña. Luego fue trasladado al Reino Unido como parte de un intercambio de prisioneros en 2010. Vivía en Salisbury, una ciudad a 145 kilómetros (90 millas) al suroeste de Londres, cuando fue envenenado junto con su hija de 33 años, quien había llegado un día antes para visitar a su padre.

El doctor Stephen Jukes, consultor de terapia intensiva en el hospital donde fueron atendidos, dijo a la BBC que "cuando supimos primero que se trataba de un agente neurotóxico, no esperábamos que sobrevivieran".