Huelga de camioneros en Brasil cumple ocho días

Los ministros del gabinete de Brasil llamaron el lunes a los camioneros a suspender una huelga de ocho días que ha causado escasez de productos y otros problemas en el país, y dijeron que el gobierno...

Los ministros del gabinete de Brasil llamaron el lunes a los camioneros a suspender una huelga de ocho días que ha causado escasez de productos y otros problemas en el país, y dijeron que el gobierno no puede hacer más de lo que ha hecho ya para satisfacer sus demandas.

Los ministros hablaron en Brasilia horas después que el presidente Michel Temer anunció una serie de medidas para lograr que los camioneros reanuden sus labores. El mandatario dijo el domingo por la noche que el gobierno subsidiaría un recorte del 10% en el precio del diésel por 60 días. También dijo que se reducirían los peajes y se establecerían tarifas de transporte mínimas, dos exigencias clave de los camioneros.

"Estamos en el límite de lo que podemos hacer para normalizar la situación”, dijo el ministro de Finanzas Eduardo Guardia.

No estaba claro por el momento cuántos camioneros aceptarían la posición del gobierno. Varios gremios dijeron el lunes que comenzarían a desmovilizar sus bloqueos de caminos, pero que necesitaban varios días para hablar con sus miembros. Otros gremios mantuvieron silencio.

En un comunicado algo ambiguo, la Confederación Nacional de Transportistas Autónomos, uno de los sindicatos más grandes, exhortó a sus miembros a evaluar “conscientemente” la protesta de aquí en adelante y a permitir el paso de la gasolina, los productos lácteos y los suministros para hospitales a través de los bloqueos con el fin de “mantener el apoyo de la población”.

La semana pasada, un supuesto acuerdo alcanzado entre varios sindicatos y el gobierno fue ignorado por miles de camioneros, que prosiguieron su paro.

El lunes, al igual que en días previos, miles de escuelas permanecieron cerradas y muchos vuelos fueron cancelados. En muchos supermercados los estantes estaban vacíos.

Wendel Campos, un camionero de Río de Janeiro que prometió seguir protestando, dijo que no aceptaría las medidas porque piensa que los precios volverán a subir en unos pocos meses.

"Nos vamos a quedar aquí el tiempo que sea necesario”, dijo.

En el centro del conflicto está una disputa por el futuro de la economía, en particular lo que se relaciona con la petrolera estatal Petrobras.

La predecesora de Temer, Dilma Rousseff, puso en marcha controles de precios que funcionaban como subsidios de facto para mantener los precios de los combustibles relativamente bajos, al margen de lo que ocurría en los mercados petroleros internacionales.

Sin embargo, a partir de 2014, la investigación llamada “Autolavado” puso al descubierto una enorme red de corrupción en la entrega de contratos para obras de Petrobras. La pesquisa continúa y resultó en el encarcelamiento de varios miembros de la élite del país, desde políticos como el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva hasta directores de Petrobras.

En 2016, Temer, entonces vicepresidente, sustituyó a Rousseff cuando fue destituida tras ser acusada de manejar ilegalmente el presupuesto federal. Como parte de los cambios para sacar a Brasil de una profunda recesión, el gobierno de Temer dijo que dejaría de intervenir en las políticas de precios de Petrobras.

La compañía se recuperó y creció, y los precios de mercado funcionaron en la economía mientras la cotización internacional del crudo se mantuvo baja. Pero en fecha reciente, debido al alza de las cotizaciones y la aguda devaluación del real frente al dólar, los combustibles aumentaron de precio.

Los camioneros, que transportan la mayoría de los productos del país, resintieron duramente la situación.

Gilberto Braga, profesor de finanzas de la Universidad Ibmec en Río, dijo que la huelga y sus secuelas podrían reducir el producto interno bruto del país en al menos 0,5%.

"No es un incidente aislado. La huelga de los camioneros va a tener repercusiones en casi todas las partes de la economía”, dijo.

El lunes, Guardia, el titular de Finanzas, y el jefe de despacho de Temer, Eliseu Padilha, dijeron reiteradamente que los subsidios son a corto plazo, serán cubiertos por el gobierno y no representan un cambio de política para Petrobras.

Pero el mercado se ha mostrado escéptico.

Cuando Petrobras anunció el miércoles de la semana pasada que recortaría los precios en 10% por dos semanas para tratar de aliviar la crisis, las acciones empezaron a desplomarse. El lunes por la tarde las acciones estaban 10% por debajo del cierre del viernes.

"Cuando pasen los 60 días del acuerdo del gobierno, ¿va a regresar el gobierno a la política previa de precios de mercado?”, dijo Andre Prefeito, principal economista de Spinelli CVMC, una firma de inversiones en Sao Paulo. “Probablemente no, y entonces será hora de asumir las consecuencias económicas”.

Para empeorar las cosas, los trabajadores petroleros dijeron el lunes que planean una huelga de tres días a partir del miércoles para exigir recortes al precio del gas de uso doméstico.

Silvio Cascione, analista en Eurasia, dijo que el grupo espera más huelgas.

“Otros sectores de la economía vieron lo frágil que es este gobierno y saldrán a las calles con exigencias”, señaló.

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Los videorreporteros Mario Lobao y Diarlei Rodrigues en Río de Janeiro contribuyeron a este despacho.