El último tren salió de la estación central de trenes de Michigan hace 30 años y desde entonces está vacía, un recordatorio del declive de Detroit, la ciudad que se declaró en bancarrota municipal después de ser el principal centro automotriz de Estados Unidos.

El edificio de 105 años que alguna vez se ocupó del tráfico ferroviario de toda la ciudad, cerró en 1988 debido a una disminución de pasajeros y posteriormente se convirtió en un sitio obligado para los exploradores urbanos, personas sin hogar y carroñeros, que tomaban cualquier cosa que tuviera valor.

Tras años de proyectos fallidos para reutilizar la propiedad de 18 pisos y con un área de más de 4.600 metros cuadrados (500.000 pies cuadrados), puede que ahora su futuro comience a tomar forma.

Fotor Motor Co. se trasladará al vecindario aledaño de Corktown y, de acuerdo con Edsel B. Ford II _miembro de la junta de la compañía_ se encuentra en negociaciones para adquirir la vieja estación.

Se conocen pocos detalles sobre el interés de la empresa. El jueves, la automotriz, con sede en Dearborn, Michigan, comenzó a mudar a cerca de 200 miembros de sus equipos de vehículos eléctricos y autónomos a una renovada fábrica ubicada a unas cuantas calles de la vieja estación de tren.

La acción permite que la compañía refuerce su desarrollo de vehículos autónomos. Podría utilizar la estación para un fin similar, debido a que es poco probable que la use para su producción de automóviles.

“Esperamos expandir nuestra presencia en Detroit y compartiremos más detalles en el futuro”, comentó Dawn Booker, portavoz de Ford, a The Associated Press en un correo electrónico.

El multimillonario Manuel “Matty” Moroun, quien compró la vieja estación en la década de 1990 y también es propietario del puente Ambassador que conecta a Detroit con Windsor, Ontario, no respondió a peticiones en busca de comentarios sobre el futuro de la estación y su posible venta.

Aunque Ford tiene profundas raíces en el área, algunos residentes están a la espera de ver el enfoque y el interés de la compañía sobre la propiedad, que se ha presentado en los últimos años como una posible sede de una comisaría, espacio comercial o un casino. Por su parte, el Ayuntamiento quería que se demoliera y olvidara.