Análisis: Amplia brecha nuclear entre EEUU y norcoreanos

Aunque la retórica conciliadora logre revivir los planes de una cumbre entre Estados Unidos y Corea del norte, el presidente Donald Trump y el líder Kim Jong Un deben superar diferencias enormes en...

Aunque la retórica conciliadora logre revivir los planes de una cumbre entre Estados Unidos y Corea del norte, el presidente Donald Trump y el líder Kim Jong Un deben superar diferencias enormes en torno al aspecto que tendría un acuerdo sobre las armas nucleares de Pyongyang.

Los observadores de la telenovela protagonizada por Trump y Kim bien pueden pensar que se trata de un noviazgo frágil en el que las declaraciones de cada parte determinarán si se puede acordar un encuentro cara a cara.

La retórica negativa norcoreana que llevó a Trump a cancelar la cumbre expresa una diferencia profunda sobre el camino hacia la desnuclearización. La conciliación de los puntos de vista divergentes puede determinar no solo el éxito de un futuro encuentro sino incluso si tal encuentro es factible.

“Algunos podrían compararlo con un intercambio de insultos entre jugadores antes del gran partido”, dijo Christopher Hill, principal negociador con Corea del Norte durante la presidencia de George W. Bush. “A mí, francamente, me parece algo más grave”.

La carta de Trump a Kim el jueves atribuye la cancelación del encuentro previsto para el 12 de junio en Singapur a la “tremenda furia y abierta hostilidad” demostradas por Pyongyang.

Trump modificó su tono después que el vicecanciller norcoreano Kim Kye Gwan respondió, no con nuevas amenazas sino con un cauto elogio al presidente y disposición a conversar. Trump dijo el viernes que las dos partes hablaban de reencausar la cumbre, posiblemente en la fecha prevista.

Y el sábado, Kim se reunió sorpresivamente con el presidente surcoreano Moon Jae-in para discutir la implementación de los compromisos de paz establecidos en su primera cumbre y el posible encuentro de Kim con Trump, informó la presidencia en Seúl. El domingo, Moon prevé revelar el resultado de ese encuentro.

La turbulencia de estos días ha provocado “perplejidad” en Corea del Sur, un firme aliado de Estados Unidos y mediador de la cumbre; indignación en China, un aliado tradicional de Corea del Norte al que Trump atribuye el endurecimiento de las posiciones de Kim; y desconcierto en los funcionarios en Washington, superados por el desarrollo de los acontecimientos.

La actitud de Corea del Norte puede haber cambiado en cuanto al tono, pero no en cuanto a su posición fundamental. Kim Kye Gwan explicó que al calificar al vicepresidente Mike Pence de “pelele político” y advertir sobre un enfrentamiento nuclear en potencia, reaccionaba a las “declaraciones desenfrenadas” de Estados Unidos, que lo presiona para que se deshaga unilateralmente sus armas nucleares.

El estallido diplomático no sorprendió a los que vienen siguiendo el proceso desde que Trump tomó en marzo la decisión impulsiva de reunirse con Kim para tratar de convencerlo de que se deshaga de las armas que significan un peligro creciente para el territorio continental de Estados Unidos.

“Detrás de todo lo que acaba de suceder subyace la enorme brecha entre Estados Unidos y Corea del Norte en cuanto a la desnuclearización”, dijo Evans Revere, un ex alto funcionario del Departamento de Estado para el Asia oriental, quien desde su salida de la función pública ha mantenido conversaciones periódicas informales con funcionarios norcoreanos.

“Confirma el hecho de que los norcoreanos no estaban dispuestos a entregar todas sus armas a cambio de promesas y que Estados Unidos no estaba dispuesto a levantar sanciones antes de que se consumara todo”, dijo Hill.

Es lo mismo que había dicho, en términos más duros, el veterano negociador norcoreano Kim Kye Gwan cuando fustigó al asesor de seguridad nacional John Bolton por decir que el desarme de Libia en 2004 podía servir de modelo para un acuerdo con Corea del Norte.

Para Pyongyang, era una provocación profunda por dos razones. Primero, el autócrata libio Moamar Gadafi fue asesinado tras una invasión militar respaldada por Estados Unidos siete años después de abandonar su programa nuclear. Segundo, Libia entregó su incipiente programa nuclear _incomparablemente menos desarrollado que el norcoreano_ antes de recibir beneficio alguno.

Corea del Norte busca otra clase de acuerdo.

Frank Aum, un exasesor del Pentágono sobre Corea del Norte, dice que Pyongyang aspira a un proceso por etapas en la que cada parte toma medidas “progresivas y sincrónicas” hacia la desnuclearización y la paz. El Norte dedicó décadas a la construcción de un armamento nuclear y misilístico capaz de disuadir a Washington, y Aum duda de que realmente quiera entregar esas armas, aunque sí podría recorrer ese camino para ver qué beneficios puede obtener.

Para el gobierno de Trump, un proceso por etapas sería la repetición de acuerdos anteriores de ayuda a cambio de desarme, todos los cuales fracasaron, aunque el presidente mismo, antes de cancelar la cumbre, no descartó un enfoque gradual con incentivos para el Norte por el camino. Dijo que garantizaría la seguridad de Kim si se desnucleariza.

Eso sugiere cierta flexibilidad por parte de Trump, que ha oscilado entre las amenazas y los halagos en su noviazgo a larga distancia con Kim y evidentemente desea con avidez ser el primer mandatario estadounidense que se reúne con su contraparte norcoreano y acaso lleve la paz a la península dividida.

Lo que se necesita ahora es lo que debería haber sucedido antes de que Trump aceptara impulsivamente la cumbre, dijo Revere: que los funcionarios traten de tender un puente sobre el abismo entre las partes. Un abismo que no parece haberse reducido después de dos viajes del secretario de Estado Mike Pompeo a Pyongyang para reunirse con Kim.

Que Trump vaya a una reunión con Kim “sin tener la menor idea de lo que va a obtener”, dijo Hill, “francamente es peor de que no haya cumbre”.

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El videoperidista de Associated Press P. Solomon Banda en Denver contribuyó a este despacho.

An AP News Analysis