Una huelga nacional de miles de camioneros paralizó el viernes gran parte de Brasil, y dio pie a que el presidente Michel Temer autorizara al ejército hacer uso de la fuerza para retirar a conductores y unidades estacionadas en carreteras y otros caminos.

Los camioneros molestos por el alza en los precios del diésel suspendieron labores desde el lunes y se mantenían inactivos el viernes a pesar del anuncio hecho la víspera sobre acuerdo entre el gobierno y los sindicatos de transportistas.

Temer, quien es sumamente impopular y está cerca de concluir su mandato, dijo el viernes en un mensaje a la nación que una “facción radical” de camioneros opuestos al convenio impide al país reanudar sus actividades. Señaló que las fuerzas militares fueron activadas, pero no dio detalles.

“No permitiremos que los hospitales se queden sin provisiones para salvar vidas”, dijo Temer. “No permitiremos que los niños sean afectados por el cierre de escuelas”.

Se desconocía si las autoridades adoptarían medidas contra los camioneros porque cualquier posible enfrentamiento redundaría en violencia, y el retiro de miles de camiones de carga sería una pesadilla logística.

Sin embargo, la huelga parecía apremiar a las autoridades a actuar debido a los bloqueos de caminos y la parálisis que se dio tras la interrupción del transporte de combustibles, alimentos y otras mercancías.

Miles de escuelas públicas anunciaron que estarían cerradas el viernes debido a que los maestros y demás personal no podía llegar a los planteles. Gerentes de tiendas se quejaron de la escasez de varios alimentos, y diversos aeropuertos dijeron que se les había agotado el combustible.

El aeropuerto internacional de la capital, Brasilia, anunció la cancelación de nueve vuelos.

Brasilia, en el centro del país, es una de las ciudades más afectadas porque recibe sus combustibles en camiones que llegan desde la costa.

Bruno Covas, alcalde de Sao Paulo, la ciudad más grande de Brasil, declaró estado de emergencia el viernes por la tarde. La medida permite a la ciudad comprar combustible a empresas privadas sin licitación y rebasar su presupuesto, de acuerdo con un comunicado.

Según el acuerdo alcanzado el jueves en la noche, los camioneros suspenderán su huelga 15 días a fin de dar tiempo a todas las partes para encontrar una solución. Durante ese periodo, el gobierno subsidiaría los combustibles al reducir varios impuestos, aunque algunos de esos cambios necesitarían aprobación legislativa. Como parte del acuerdo, la baja de 10% al diésel que la empresa petrolera estatal Petrobras había anunciado se ampliará de dos semanas a 30 días.

Sin embargo, para muchos camioneros, esas medidas son insuficientes.

Luiz Antonio, un camionero huelguista en las afueras de Río, dijo el viernes que no confiaba en lo negociado en Brasilia.

"Hicieron un acuerdo, hubo mucho ‘bla bla bla’ y después, cuando abramos los caminos, no lo cumplirán", dijo.

Uno de los sindicatos que participó en la elaboración del acuerdo parecía el viernes distanciarse del convenio. En un comunicado, la Confederación Nacional de Transportistas Autónomos dijo que no estaba de acuerdo con la suspensión de la huelga.

“Nuestro papel es presentar las propuestas a cada grupo de manifestantes para que ellos decidan si son suficientes a fin de suspender o continuar el movimiento”, según un comunicado.

La huelga ocurre en momentos en que la economía más grande de América Latina tiene dificultades para recuperarse de su peor recesión en décadas. El desempleo no cede y el real, la moneda brasileña, ha tenido una fuerte devaluación frente al dólar en los últimos meses.

El profesor de Economía Gilberto Braga, de la Universidad Ibmec de Río, dijo que los aumentos de precios se deben a dos factores ajenos al control del gobierno: el alza global de los hidrocarburos en medio de la tensión entre Estados Unidos e Irán, y la devaluación del real.

El gobierno debe subsidiar los combustibles mediante una baja de impuestos o permitir que los camioneros aumenten sus tarifas, pero al final el aumento de los costos recaerá en los consumidores, afirmó.

"En el corto plazo solo puede haber una tregua", dijo Braga. "Cualquier solución será muy costosa".

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Diarlei Rodrigues, de The Associated Press, contribuyó a este despacho desde Río de Janeiro. Stan Lehman contribuyó desde Sao Paulo

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