Corea del Norte manifestó el viernes que está dispuesta a sentarse en la mesa del diálogo con Estados Unidos "en cualquier momento, en cualquier formato", horas después que el presidente estadounidense Donald Trump cancelara abruptamente una cumbre programada con su homólogo norcoreano Kim Jong Un.

En un comunicado, el viceministro del Exterior, Kim Kye Gwan _desde hace tiempo negociador nuclear y diplomático senior_ señaló que el gobierno norcoreano está "dispuesto a darle a Estados Unidos tiempo y oportunidades" para reconsiderar una reunión que había sido programada para el 12 de junio en Singapur.

La atención ahora volverá a centrarse en la forma en que Trump responderá al gesto aparentemente conciliatorio de Corea del Norte.

Abandonar la vía diplomática podría causar el regreso de un torrente de pruebas armamentistas _y los temores de una guerra que tales pruebas crearon_ que Corea del Norte desató el año pasado cuando trataba de darle los toques finales a un programa de misiles con armas nucleares que tenía el propósito de fijar como objetivo todo el territorio continental de Estados Unidos.

Desde enero, Kim ha asumido una postura radicalmente más indulgente con respecto a las relaciones exteriores, enviando a su hermana a los Juegos Olímpicos de Corea del Sur, reuniéndose con su homólogo surcoreano en la frontera compartida y destruyendo parte de sus sitios de pruebas nucleares el jueves, en muestra de buena fe.

Los primeros comentarios del presidente surcoreano Moon Jae-in, considerado el impulsor de la cumbre, indicaban que Seúl, uno de los principales aliados de Estados Unidos y sede de 28.500 tropas estadounidenses, fue tomado por sorpresa por la cancelación de Trump. Moon se dijo "muy perplejo" por el anuncio de Trump de que cancelaba la cumbre debido al "enorme enojo y evidente hostilidad” de parte de Corea del Norte. Moon exhortó además a un diálogo directo entre Trump y Kim.