El ex sheriff del condado de Maricopa Joe Arpaio le pedía a decenas de activistas del tea party que lo apoyasen en las primarias republicanas para senador nacional cuando alguien en el auditorio le dijo que era una lástima que los conservadores no pudiesen enviar “a ustedes dos” a Washington.

La persona aludía no solo a Arpaio sino a otra abanderada de la causa conservadora que se encontraba allí esa noche promoviendo su propia campaña al Senado, Kelli Ward. El comentario motivó un fuerte aplauso, que resume el dilema que enfrentan los conservadores de Arizona: sus preferencias están repartidas entre esos dos candidatos y esa división podría despejar el camino para una victoria de Martha McSally, la candidata más moderada del trío.

Los tres le apuntan a la banca que dejará vacante Jeff Flake, quien se retira tras ser aporreado por Ward, la primera que le salió al cruce. Ward lo acusó de ser demasiado blando en el tema de la inmigración ilegal y de no apoyar lo suficiente al presidente Donald Trump.

Arpaio, quien fue perdonado por Trump tras ser condenado por desacato en un juicio sobre discriminación racial, estremeció la contienda al sumarse a ella en enero. Ha recaudado solo 500.000 dólares la cifra más baja entre los tres candidatos republicanos.

“El que convenció a Joe de que se postulase no le hizo ningún favor al movimiento”, dijo Constantine Querard, estratega conservadora de Arizona, amiga de años de Arpaio pero que apoya a Ward, “porque el movimiento le tiene un gran cariño a Joe, pero él divide al movimiento”.

Chuck Coughlin, un estratega republicano más centrista, es más tajante: “No está aquí para ganar, sino para impedir que Kelli Ward gane".

La frustración generada por la presencia de dos candidatos que dividen el voto conservador se hizo evidente esta semana cuando la campaña de Arpaio dijo que la gente de Ward le ofreció un puesto como recaudador de fondos para Trump si se marginaba de la contienda. La campaña de Ward niega haber hecho ese ofrecimiento.

Arpaio, quien tiene 85 años, dijo que se sintió ofendido. “No me gusta intimidar a nadie”, sostuvo el ex sheriff. “No es ningún secreto que hay mucha gente que no me quiere en esta puja. Sepan que no me voy a ninguna parte”.

Arpaio cobró notoriedad por alojar reos en carpas y hacerlos lucir ropa interior rosada, por su tendencia a iniciar investigaciones de todos los que lo criticaban y por sus campañas contra la inmigración ilegal. Un juez dictaminó que incurría en discriminación racial pues sus agentes sistemáticamente paraban a los hispanos para corroborar su status inmigratorio. Arpaio mantuvo esa práctica en desafío de las órdenes de un juez que le dijo que la suspendiera. No fue reelegido en el 2016 y un tribunal lo halló culpable de desacato.

Si Arpaio representa al movimiento populista, enemigo de la inmigración ilegal que le dio mayor presencia a los conservadores de Arizona, Ward, de 49 años, es su ala conservadora. Médica de profesión, sirvió un período como representante estatal y se ganó a los conservadores al desafiar al senador John McCain en las primarias del 2016. Si bien perdió feo, simbolizó la frustración que sienten los conservadores con McCain y Flake, quienes son más moderados en cuanto a la inmigración.

Ward no ha criticado demasiado a Arpaio. En una entrevista previa al supuesto ofrecimiento, Ward dijo que siempre lo apoyó pero que ella representa “una mejor opción” para el Senado. Ward enfoca sus críticas en McSally, una ex piloto de la fuerza aérea de 52 años que criticó a Trump durante la campaña presidencial. Desde entonces dio un giro a la derecha, se ufana del acceso que tiene a Trump y retiró su apoyo a una legislación que hubiera permitido a los jóvenes sin papeles traídos a Estados Unidos de niños conseguir la ciudadanía.

“La mayoría de los republicanos de Arizona y de los independientes no quieren otro Jeff Flake”, dijo Ward.

Arpaio ha dicho que serviría un solo término y sería la persona de mayor edad en ser elegida por primera vez para el Senado.

“Me encanta, es un gran tipo, pero no creo que esté en condiciones” de servir en el Senado, afirmó Joe Romack, un ingeniero, en la reunión del tea party de Scottsdale.

“Ya conocemos bien al sheriff Joe”, comentó Paula Gallagher. “Mire su historia. Su trayectoria lo dice todo, cómo dedicó su vida y su servicio no solo a este estado por muchos años, sino a todo el país”.