Incendio en edificio de Brasil refleja problemas de vivienda

Marta María Maia da Fonseca y su esposo tenían el mismo problema que decenas de miles de familias de clase trabajadora en Sao Paulo: no podían permitirse el lujo de alquilar un apartamento en el...

Marta María Maia da Fonseca y su esposo tenían el mismo problema que decenas de miles de familias de clase trabajadora en Sao Paulo: no podían permitirse el lujo de alquilar un apartamento en el centro de la ciudad y el alto costo del transporte hacían inaccesibles lugares con rentas más bajas en las afueras de la ciudad.

La pareja y su hija de 14 años sintieron que no tenían otra opción que unirse a un grupo de ocupantes ilegales que vivían en un edificio abandonado en el centro.

La familia enfrenta ahora un nuevo dilema. Un cortocircuito inició un incendio en la antigua sede de la policía, un edificio de 24 plantas que terminó colapsando el pasado martes. Pasaron esa noche acampados en una plaza frente a una iglesia cercana junto a varias familias que, como ellos, se habían quedado sin hogar. Al día siguiente se mudaron con una hermana, apiñados en un pequeño departamento de dos habituaciones en una ciudad vecina con otros seis familiares.

"Tenemos que volver a empezar de nuevo”, dijo Da Fonseca, que trabaja como asistente de salud a domicilio y ha vivido en tres edificios abandonados en los últimos 10 años.

El incendio ha vuelto a poner los reflectores sobre un polémico movimiento de grupos de vivienda que han tomado docenas de edificios abandonados en la ciudad más grande de Sudamérica. Sostienen que es escandaloso dejar propiedades vacías cuando se necesitan más de 350.000 nuevas casas para satisfacer la demanda.

Pero el fuego también despertó el fantasma de que este tipo de ocupaciones puedan ser trampas mortales, donde los invasores hacen conexiones improvisadas al tendido eléctrico y se encargan ellos mismos del mantenimiento. El martes, los bomberos sacaron de entre los escombros un cuerpo de lo que parece ser un niño, según el bombero Jonatas Tavares, lo que aumenta el número de fallecidos confirmados a dos. Buscan a seis personas más entre los escombros.

El cortocircuito que provocó el incendio se produjo en un enchufe al que estaban conectados un televisor, un microondas y un refrigerador, dijo el secretario de Seguridad Publica de la ciudad, Magino Alves, en declaraciones publicadas por el diario Folha de S.Paulo.

El responsable municipal de Vivienda, Fernando Chucre, apuntó que recolectores de artículos para reciclar estaban almacenando material inflamable en las plantas inferiores del edificio Wilton Paes de Almeida. La Universidad Federal de Sao Paulo señaló que un reporte que encargó en 2013, cuando estaba considerando hacerse cargo del inmueble, halló problemas estructurales.

Medios brasileños reportaron que algunas de las aproximadamente 170 familias que vivían en el edificio pagaban a los organizadores contribuciones mensuales más altas de lo común en estos casos, y el Departamento de Seguridad Pública explicó en un comunicado enviado a The Associated Press que la policía estaba investigando la práctica de pagar alquileres en este tipo de edificios, aunque no proporcionó más detalles.

Miembros de otros grupos de vivienda dijeron que los problemas detectados en el Wilton Paes de Almeida no deberían emplearse como excusa para desacreditar a todo el movimiento en su conjunto, que controla más de 70 edificios en el centro histórico de Sao Paulo.

"No se puede decir esto, que somos delincuentes, que somos vagabundos, que somos invasores”, dijo Jose de Anchieta Rocha Junior, coordinador del colectivo activista Movimiento de Lucha Social por la Vivienda, que gestiona tres inmuebles ocupados ilegalmente en el centro de Sao Paulo. "Ocupamos porque no hay políticas de vivienda. Ocupamos porque (los edificios) están abandonados, abandonados desde hace décadas”.

Las autoridades municipales dijeron que ayudarán a los invasores que se han quedado sin hogar con un pago inmediato de alrededor de 340 dólares y 115 dólares más al mes durante un año. Da Fonseca no cree que vaya a recibir nada porque su nombre no está en la lista de residentes que tiene el ayuntamiento. Muchos sostienen que esa ayuda no cubrirá ningún alquiler ni reemplazará las pertenencias que perdieron entre las llamas.

"La única forma de encontrar una vivienda (por ese dinero) es en lugares muy alejados de aquí, a dos horas de distancia”, dijo Wilder Rodrigues da Silva, un trabajador de la construcción de 35 años que huyó del incendio con apenas una pequeña bolsa con documentación.

El casco histórico de Sao Paulo, conocido como Centro, ha sufrido décadas de deterioro pese al estatus de capital financiera de América Latina y foco de gran parte de la riqueza de Brasil. Las grandes instituciones culturales se mantienen y comparten la zona con edificios de fachadas decadentes o con las ventanas tapiadas. Allí reside gran parte de la población de sin techo de la ciudad y adictos al crack ocupan varias cuadras conocidas como “Crackland”.

Decenas, si no cientos, de edificios están vacíos, abandonados desde que los negocios que los ocupaban se mudaron a nuevos vecindarios, un camino que repitieron después los residentes.

Desde la década de 1990, los grupos han entrado a edificios vacíos aprovechando la oscuridad de la noche y se establecieron en ellos en grupos sorprendentemente organizados. En muchos, los habitantes realizan contribuciones para contratar un portero o un limpiador. Las normas colocadas en la entrada de algunos piden a los residentes que no hagan ruido, que sean atentos y que respeten el toque de queda. Otros tienen medidas de prevención de incendios, comprobando que el cableado eléctrico es seguro y que las alarmas funcionan.

Varios gobiernos de la ciudad han realizado campañas con la intención de embellecer y desarrollar nuevamente la zona, que está ahora a punto de recuperarse. Pero cuando las autoridades hablan de tener un centro digno de una urbe de clase mundial, los activistas por la vivienda temen que esto signifique expulsar a los pobres y a la clase trabajadora.

"Somos un país muy desigual, donde la riqueza de 100 millones de personas está en manos de seis”, dijo Rocha. "Así que creo que, en la medida de lo posible, debería haber lugares donde un edificio de lujo esté al lado de uno de trabajadores de bajos ingresos”.

Habilitar viviendas de alquiler bajo en el centro es una pieza clave en los esfuerzos para resolver los problemas residenciales de Sao Paulo, dijo Chucre, el responsable de vivienda, agregando que su departamento quiere “regularizar” las ocupaciones lideradas por grupos que no explotan a los residentes. En el pasado, la ciudad compró varios inmuebles ocupados y planea convertirlos en apartamentos subvencionados.

"Esta situación sistémica se ha agravado en los últimos años por la crisis económica y el alto precio de los alquileres en el centro”, apuntó Chucre. La ciudad espera incrementar su capacidad para construir nueva viviendas trabajando con los gobiernos estatal y federal además de con inversionistas privados.

Tras el incendio, el alcalde ordenó a las agencias municipales que evalúen los 70 inmuebles que están habitados por ocupantes ilegales. Según Chucre, las autoridades trabajarán con los líderes de las comunas para solucionar posibles problemas y, si alguno de los inmuebles debe ser abandonado, ayudarán a encontrar un alojamiento alternativo.

Los residentes de otros edificios ocupados dijeron que el desastre del Wilton Paes de Almeida les recordó los peligros que enfrentan.

Analice Silva dos Santos, de 61 años, se mudó a un antiguo hotel conocido como Ocupación Maua cuando se jubiló, al darse cuenta de que no podía permitirse la renta de su casa y la medicación que necesita. Hace muchos años vivió un incendio en la cercana Ocupación Prestes Maia y el de la semana pasada revivió sus recuerdos.

"Lloré mucho. Sigo llorando”, dijo. "Una persona nunca olvida eso”.