La Ópera Metropolitana toca ante su público más joven

Con un chupón bien plantado, Stella Starwalt prestó gran atención durante toda la función. Alexander Werner, del tipo más inquieto, deambuló libremente por el escenario, recogiendo y desechando los...

Con un chupón bien plantado, Stella Starwalt prestó gran atención durante toda la función. Alexander Werner, del tipo más inquieto, deambuló libremente por el escenario, recogiendo y desechando los suaves cojines azules y blancos que sirvieron de utilería.

Fueron dos de unos 25 bebés que acudieron con sus padres o cuidadores a un pequeño auditorio de la augusta Ópera Metropolitana el martes para ver “BambinO”, una ópera diseñada para un público de 6 a 18 meses de edad.

La pieza de 40 minutos fue compuesta por Lliam Paterson por encargo de la Ópera de Escocia. Paterson y el director Phelim McDermott quisieron crear algo que atrajera a los bebés y mantuviera el interés de sus acompañantes adultos.

“Trabajamos en el sonido que los bebés hacen y los sonidos que hacen los cantantes de ópera y como que nos movimos de un extremo del espectro al otro”, dijo Paterson.

“Desde bu-bu-bu hasta la coloratura barroca, y transicionando entre ambas”, agregó McDermott.

En efecto, la partitura, interpretada por un violonchelista y un percusionista y cantada por una soprano y un barítono, alterna entre reconfortantes sonidos ligados y breves estallidos de exclamación. Un dueto es una imitación deliberada de un número de “La flauta mágica” de Mozart. Paterson también creó el libreto compuesto con trozos de diálogo en italiano, algunos tomados de óperas que incluyen “Orfeo” de Monterverdi y “La Boheme” de Puccini.

La rudimentaria trama habla de un ave llamada Uccellina que encuentra un huevo de oro y lo entierra bajo un montón de cojines. De pronto aparece otro pájaro, Pulcino, que eventualmente aprende a volar y se eleva entre las nubes.

El “escenario” donde transcurre la acción es el piso decorado del List Hall, que suele usarse para ensayos de coros y reportes radiales durante las intermisiones de los sábados. Hay espacio en el suelo para los bebés, que también pueden acurrucarse en los regazos de sus cuidadores, quienes se sientan en bancos y sillas que rodean el escenario.

Los niños entre el público el martes mostraron notable interés. Muchos interactuaron con los cantantes, quienes lucen atractivos vestuarios con volantes y plumas. Estas interacciones son alentadas, pero representan un reto para los artistas.

“Básicamente tenemos que tener 10 ojos y 12 oídos todo el tiempo y hacer acrobacias increíbles alrededor de ellos”, dijo el barítono Timothy Connor, quien interpreta a Pulcino. “Phelim siempre nos dice que después de esto estaremos listos para lo que sea”.

Alexander, de 17 meses, fue uno de los espectadores más aventureros al tambalearse entre su madre, Kathleen, y esos irresistibles cojines. “Él siempre se está moviendo. Le encanta bailar, y ya tiene un juego de batería”, dijo la mamá orgullosa.

Pero ninguno prestó tanta atención como Stella, de 7 meses, quien nunca perdió de vista a los cantantes. Su madre, Sara Gergovich, no pareció sorprendida. Dijo que su hija ha desarrollado el amor por la música desde el mismo vientre, pues le ponía canciones a diario a través de bocinas para el embarazo BellyBuds.

“BambinO” es una producción conjunta de la Ópera de Escocia, la compañía de teatro Improbable y el Festival Internacional de Manchester, donde se estrenó el año pasado.

La soprano Charlotte Hoather, quien como Connor ha estado desde el principio en este espectáculo, dijo que nunca se cansa de hacerlo: “¿Cómo no disfrutarlo? Están tan llenos de vida. Cada show es diferente, es tan fresco”.

Las 10 funciones en Nueva York esta semana son gratuitas, pero todos los espacios fueron reservados tan pronto como se anunció el proyecto.

La visita del grupo fue hecha posible gracias a un obsequio de Judith-Ann Corrente, presidenta y directora ejecutiva de la junta de la Met, quien estuvo entre el público el martes con uno de sus nietos.