La hija de Jeff Dysinger sobrevivió a dos balazos que le pegó un compañero en su escuela secundaria de Kentucky este año, pero él no se ha unido a los reclamos de más control a la venta de armas que proliferaron tras la matanza de 17 personas en una escuela de la Florida tres semanas después.

Dysinger tiene un fusil AR-15 como el que se usó en Parkland, Florida, el 14 de febrero. Y cree fervientemente en el derecho a portar armas. Está convencido de que el problema en las matanzas de la Florida, Kentucky y otros sitios no son las armas.

Cuando su hija de 15 años Hannah recibió un balazo en un brazo y otro en el pecho en la Marshall County High, Dysinger se puso al rojo vivo. Pero en ningún momento le pasó por la cabeza la idea de restringir la venta de armas de combate.

“En las zonas rurales de Kentucky, todos nos criamos entre las armas, hemos estado en contacto con armas todas nuestras vidas”, explicó Dysinger, un ex soldado que usa su AR-15 para cazar y hacer tiro al blanco. “Los chicos de las ciudades (como Parkland, Florida) no terminan de entender eso”.

Hannag Dysinger no ha dicho nada contra las armas, pero afirma que ella, igual que su padre, quiere asegurarse de que no caen en las manos equivocadas. Y pide que se haga una averiguación de antecedentes de toda persona que quiere comprar un arma.

Hay datos que reflejan una gran división entre la actitud hacia las armas en las ciudades y el campo. Una encuesta del Centro Pew de abril del 2017 indicó que el 63% de los residentes en zonas rurales considera más importante defender el derecho a portar armas que restringir su venta, comparado con solo el 37% en las zonas urbanas. En la encuesta se consultó a 3.930 personas y el margen de error era de más o menos 2,8 puntos porcentuales.

Después de la matanza de la Florida, Dysinger en ningún momento la emprendió contra la Asociación Nacional del Rifle, la principal defensora del derecho a portar armas, ni contra la falta de regulación. Por el contrario, publicó en Facebook una foto en la que aparece con su rifle militar.

“Por favor, dejen de hablar de los AR-15. Sí, mi hija fue baleada y estoy furioso”, escribió cuatro días después de la matanza de la Florida. “Pero les puedo asegurar que esto no tiene nada que ver con las armas”.

Las armas son un estilo de vida en Benton, localidad al occidente de Kentucky próxima a tierras protegidas que son un paraíso para los cazadores. El propio director del sistema escolar no quiso culpar a las armas por el incidente del 23 de junio en que murieron dos estudiantes. Sostuvo que las armas empleadas en esa ocasión no se dispararon solas.

El episodio de Kentucky no generó nada comparable al revuelo ocasionado por la matanza de la Marjory Stoneman Douglas High School de Parkland.

“Aquí todo el mundo respeta las armas. Agradecemos la oportunidad de poder tenerlas”, dijo Brian Roy, ex sheriff del condado de Marshall. “Respetamos la 2da enmienda (que habla del derecho a portar armas). No vamos a postular grandes cambios porque convivimos con las armas desde pequeños, para cazar”.

En el condado de Marshall se habló de mejorar la seguridad y disponer de más personal armado, según Patrick Adamson, director de los servicios para jóvenes de una iglesia de Benton.

“Aquí se habla más de eso que del control a la venta de armas”, comentó.

El director del sistema escolar del condado de Marshall Trent Lovett dijo que los conocimientos que tenían algunos estudiantes de las armas pueden haber salvado vidas el día de la balacera. La policía indicó que Gabriel Parker, de 15 años, se llevó una pistola Ruger de 9 milímetros de su casa y empezó a disparar en la escuela, matando a dos estudiantes e hiriendo a varios más.

El muchacho, indicó Lovett, se enredó al tratar de cargar de nuevo “y algunos de nuestros chicos que son cazadores probablemente ayudaron a salvar a muchos estudiantes, porque sabían que se había quedado sin balas y estaba tratando de cargar de nuevo”.

“Se dieron cuenta de que no sabía lo que estaba haciendo y fue ahí que gritaron, ‘¡corran!’. Sabían que era el momento de escapar”, insistió.

Dysinger afirmó que si Parker hubiera tenido un arma más poderosa, habría habido más muertos en Marshall. Y que la matanza de la Florida fue posible porque no se impidió el acceso a las armas a Nikolas Cruz, el sospechoso.

“Yo puedo ir y dejar un AK-47 en el medio del gimnasio durante un partido de básquetbol y le aseguro que no va a matar a nadie”, sostuvo. “No pasa nada hasta que alguien recoge el arma”.

Hannah Dysinger desistió de ser entrevistada. En una carta que publicó un diario de Kentucky en marzo afirmó que el problema obedecía a “una mezcla de facilidad de acceso a las armas, crianza, la sociedad actual y la ausencia de medidas de seguridad” en las escuelas. Pidió que se averiguasen los antecedentes de toda persona que compra un arma y que le parece bien que los maestros porten armas.