Brasil: Realizan audiencia contra Iglesia acusada de abusos

Los menores permanecen en riesgo y son obligados a trabajar contra su voluntad por una Iglesia vinculada con la Fraternidad de la Palabra de Fe, con sede en Estados Unidos, afirmó el miércoles un...

Los menores permanecen en riesgo y son obligados a trabajar contra su voluntad por una Iglesia vinculada con la Fraternidad de la Palabra de Fe, con sede en Estados Unidos, afirmó el miércoles un alto fiscal brasileño tras la audiencia inicial de una demanda civil que intenta disolver esa agrupación local y la escuela que administra.

La Iglesia del Ministerio Evangélico Comunidade Rhema, en la ciudad de Franco da Rocha, se rehúsa a cesar sus prácticas que las autoridades alegan equivalen a trabajos forzados, dijo Catarina von Zuben, coordinadora nacional de procuradores que trabajan en el combate a la esclavitud moderna en Brasil.

“Esta acción está dirigida a cesar estas prácticas, a detener esta explotación, en especial de menores, de niños”, dijo von Zuben a The Associated Press después de la audiencia a puerta cerrada.

Las autoridades brasileñas iniciaron múltiples investigaciones después de que la AP reportara en julio que la Fraternidad de la Palabra de Fe —con sede en el poblado de Spindale, en un área rural de Carolina del Norte— creó un canal de fieles brasileños jóvenes que narraron que fueron llevados a Estados Unidos y obligados a trabajar gratis o por muy poca paga.

Los exmiembros de la Iglesia que denunciaron el maltrato vieron el miércoles por primera vez en la corte a los pastores locales Solange da Silva Granieri Oliveira y Juarez de Souza Oliveira, quienes también están nombrados en la demanda de la fiscalía laboral.

“Me complace ver que se haga justicia”, dijo Flavio Correa, un antiguo miembro que dejó la Iglesia en 2016 quejándose de las prácticas abusivas.

Tanto los pastores como sus abogados se rehusaron a hablar con la AP después de la audiencia, pero los investigadores han dicho que los líderes religiosos rechazan haber incurrido en irregularidades.

Durante la sesión a puerta cerrada, el juez ordenó que los documentos que habían quedado protegidos se pusieran a disposición de la defensa, comentó von Zuben. Luego el juez programó la siguiente audiencia para julio.

La Fraternidad de la Palabra de Fe es una hermética secta evangélica fundada en 1979 por Jane Whaley, una exmaestra de matemáticas, y su esposo Sam. A lo largo de las décadas ha crecido hasta convertirse en una congregación de casi 750 feligreses en la región rural de Carolina del Norte, y varios cientos más en Brasil, Ghana y otros países.

Decenas de exfeligreses, tanto en Estados Unidos como en Brasil, han dicho a la AP que Whaley gobierna todas las filiales con puño de hierro y que los miembros de la Iglesia — niños incluidos — regularmente son atacados física y verbalmente en un esfuerzo por “purificar” a los pecadores.

En la demanda presentada el 1 de marzo ante una corte laboral del estado de Sao Paulo, los fiscales citaron testimonio que contiene detalles horrendos de una amplia gama de supuestos abusos dentro de la Iglesia de Rhema, incluido cuánto tiempo quedaron marcados los golpes con una regla en el cuerpo de un niño.

Niños y adultos por igual dijeron que se les obligó a trabajar hasta el agotamiento y temían castigos, aislamiento social o separación de sus familias en caso de resistirse.

En los últimos años, Brasil — que alguna vez fue el mayor mercado de esclavos del mundo — ha impuesto medidas cada más estrictas contra las prácticas laborales que percibe como equivalentes a la esclavitud.

Además de solicitarle al juez que cierre la Iglesia y la escuela, los fiscales quieren que ese organismo religioso pague una multa de por lo menos 153.000 dólares para un fondo de compensación a los trabajadores, y de al menos 15.000 dólares a cada una de las víctimas identificadas.

Gustavo Reis de Souza, quien afirma que fue víctima de abusos físicos y emocionales cuando asistía a la escuela administrada por la Iglesia, esperaba a su madre afuera de la audiencia del miércoles.

“Sufrí mucho y no quiero que más personas pasen por esto”, dijo el joven de 15 años, quien piensa que cerrar la escuela ayudaría a otros niños. “Están ahí dentro y no tienen el valor para salir”.