The Dead Stretcher-Bearer, 1919
Óleo de Gilbert Rogers de un camillero de la Cruz Roja muerto en una trinchera Imperial War Museums © IWM ART 3688

El centenario de la I Guerra Mundial y la experiencia humana de la más sanguinaria de todas las contiendas globales del siglo XX —20 millones de soldados y 15 millones de civiles muertos según algunos cálculos conservadores, cifra que otros historiadores elevan a 65 millones de víctimas— llenará este año varios museos del mundo con exposiciones de diverso calado. Una de las primeras está organizada por la National Portrait Gallery de Londres (NPG), se titula The Great War in Portraits (La Gran Guerra en retratos), tiene carácter de muestra de Estado y es el prólogo de cuatro años de actividades —el First World War Centenary— que analizan, conmemoran, lloran o se jactan del papel político, militar, económico y social del Reino Unido en las batallas.

Aunque las bombas, morteros —usados por primera vez, igual que los tanques—, gases químicos —otro estreno en la historia de la perversidad bélica y por parte de Francia antes que de Alemania, como se suele pensar— y la feroz guerra de trincheras no se desarrollaron en territorio británico, el país perdió a más de un millón de soldados y 100.000 civiles entre julio de 1914 y noviembre de 1918. La exposición de la NPG huye de representar una historia militar y quiere centrarse en la forma en que la Gran Guerra fue mostrada en los retratos de los implicados y revelar con ellos  "el sufrimiento individual y el costo humano" del conflicto que implicó a 25 países del mundo.

"Grado de detalle visual sin precedentes"

La galería pública, la más importante del Reino Unido dedicada exclusivamente a los retratos, sean pintados, dibujados o fotografiados, quiere aprovechar que la guerra entre los aliados (también llamados entente, entre los que estaban Francia, el Reino Unido, los EE UU, Bélgica, Italia y el Imperio Ruso) y los poderes centrales (los imperios alemán y otomano, Austria-Hungría y Bulgaria) se representó y comunicó "con un grado de detalle visual sin precedentes" en la historia de los conflictos armados, sobre todo gracias al desarrollo del cine y la fotografía. La NPG escapa así por una vez de su tónica de mostrar retratos formales y exhibirá también películas.

Personas en medio de sucesos que estaban más allá de la razón o el control En las instalaciones de la NPG se exhibirán, desde el 27 de febrero al 15 de junio, con entrada gratis, 80 pinturas, fotografías, esculturas, dibujos y películas, seleccionados por Paul Moorhouse, coordinador de retratos del siglo XX de la pinacoteca. La exposición, dice, "explora experiencias humanas muy complejas. Desarrollando roles, responsabilidades y destinos, ilumina la manera en que la guerra fue presentada a través de los retratos de personas, cada una de ellas capturada en medio de sucesos que estaban más allá de la razón o el control".

El anarquista Gavrilo Princip, el archiduque Francisco Fernando...

The Great War in Portraits muestra retratos icónicos del militar y escritor antibelicista Siegfried Sassoon; el también poeta Wilfred Owen; Winston Churchill, primer Lord del Almirantazgo hasta que le hizo salir del Gobierno su gestión de la desastrosa batalla de Galípoli —en la que mueron casi 300.000 anglosajones y franceses—; el Káiser Guillermo II de Alemania; la espía Mata Hari, ejecutada sin pruebas en un proceso lleno de irregularidades; el joven anarquista de 19 años Gavrilo Princip, cuyo atentado mortal contra el archiduque Francisco Fernando de Austria-Hungría precipitó el estallido de las hostilidades...

Un paisaje desértico que muestra las desoladoras cicatrices de una batalla Contrapuestos a los retratos de los protagonistas se muestran obras de arte pintadas por los jóvenes artistas europeos, sobre todo los expresionistas alemanes, a quienes la guerra mundial afectó de lleno, entre ellos Max Beckmann y Kirchner, de quien se exhibe Selbstbildnis als Soldat (Autorretrato como soldado ). Otra pieza notable es la escultura The Rock Drill, de Jacob Epstein, una de las grandes obras modernistas tempranas relacionados con la guerra  y una rara fotografía de Jules Gervais Courtellemont de un paisaje desértico que muestra las desoladoras cicatrices de una batalla. Es la única pieza sin presencia humana de la exposición y quizá una de las que más dicen sobre las consecuencias del conflicto.

La más dolorosa sección de la exposición es la rejilla que reúne una selección de retratos de ganadores de medallas al valor que aparecen yuxtapuestos con representaciones de aquellos cuyas vidas fueron señaladas de manera opuesta: las bajas, los desfigurados por las heridas, los prisioneros de guerra y los fusilados al amanecer por cobardía.