Del bote al avión: Las nuevas rutas de migrantes a Europa

Un mes después de cruzar un río helado de la frontera entre Grecia y Turquía en un precario bote de goma repleto de gente, el refugiado sirio Mohammad al Jarad abordó una avioneta privada que lo...

Un mes después de cruzar un río helado de la frontera entre Grecia y Turquía en un precario bote de goma repleto de gente, el refugiado sirio Mohammad al Jarad abordó una avioneta privada que lo llevaría de esta pequeña isla griega a Francia.

El cambio de medios de transporte refleja una nueva estrategia de los traficantes de migrantes, que están explotando medidas que facilitan el traslado dentro de Europa para sacar de Grecia por aire a migrantes con dinero, a menudo usando pasaportes falsos.

Las autoridades griegas dicen que el año pasado fueron pillados 1.672 migrantes tratando de salir del país en avión usando documentos falsos de todo el mundo, la mayoría de ellos falsificados en Grecia. Esto representa un aumento enorme respecto al 2016 y es tan grave que los alemanes ordenaron en noviembre revisar a fondo los papeles de todas las personas que llegan de Grecia.

La policía griega intensificó los controles de la documentación en los aeropuertos locales y ha enviado personal a Alemania para que ayude a los agentes locales.

Los traficantes tratan de aprovecharse del hecho de que las personas con pasaportes europeos no son sometidas a controles tan estrictos en los 26 países del “Área de Schengen”. Grecia pertenece a esa zona, pero no tiene fronteras terrestres con otras naciones del área.

“Los traficantes se aprovechan de las normas del Área de Schengen, donde los controles de los pasajeros los hace el personal de las aerolíneas”, expresó el teniente general Zaharoula Tsirigoti, asignado al control de fronteras. “Siempre la policía se ocupó de esos controles en la mayoría de los países de Schengen... y en la mayoría de los casos (los migrantes) eran pillados”.

Fue así que al Jarad fue detenido cuando pensó que había logrado ingresar a esa zona. Abordó una avioneta privada el 19 de enero en el aeropuerto de Kozani, al norte, junto con otros cuatro sirios y un kuwaití, llevando un pasaporte argentino.

Acatando las regulaciones de Schengen, nadie en Kozani revisó a fondo sus papeles ni se dio cuenta de que eran documentos robados o falsificado. Los seis, no obstante, fueron arrestados por la policía en Salónica, donde el avión hizo una escala para reabastecerse.

“Nos sorprendió que hayan podido alquilar una avioneta privada desde Egipto”, declaró Tsirigoti a la AP. “Fue el primer --y por ahora único-- incidente de su tipo. Creo que fue un ensayo de los traficantes para ver si funcionaba”.

Al Jared y los demás miembros de su grupo habían acordado pagar a los traficantes entre 4.000 y 5.000 euros (4.900 y 6.200 dólares) para que los llevasen a Francia. De allí quería seguir a Gran Bretaña, donde tiene dos hermanos, para más adelante llevar a su esposa y sus cuatro hijos pequeños.

“Nos dieron pasaportes mexicanos, brasileños y argentinos”, expresó al Jarad.

El sirio habló con la AP durante un receso en su juicio, que culminó con sentencias de tres meses de prisión en suspenso para los seis migrantes.

Al Jarad ya había pagado 1.700 euros (2.100 dólares) a otros traficantes para que lo hiciesen cruzar el río Evros y lo llevasen a Atenas. A eso se sumaron los 1.000 dólares que pagó para ir de Siria a Turquía.

La vía aérea es costosa pero atractiva, porque ofrece buenas posibilidades de éxito.

La ruta terrestre, que un millón de personas siguieron en el 2015, tiene hoy numerosos muros en las fronteras de los países de los Balcanes. Y el transporte por mar de Grecia a Italia, otra nación de Schengen, es menos apetecible porque toma más tiempo, tiene más controles de identidad y hay un trayecto más largo al destino final de los migrantes.

En Grecia hay una pujante industria de falsificación de documentos.

La policía desmanteló en noviembre cuatro talleres en Atenas que supuestamente producían falsificaciones de alta calidad en cuestión de horas.

Otro migrante detenido al tratar de usar un pasaporte falso es Firas Aassim, de 23 años, miembro de la minoría yazidi, muy perseguida. Llegó a Grecia en el 2016, cruzó a Serbia a pie antes de que cerrasen la frontera, pero fue devuelto a Grecia, donde vive en residencias para refugiados.

“Todos mis amigos llegaron” a otras naciones europeas, expresó. “Soy el único que queda. Me siento sofocado aquí”.

Fue apresado hace dos meses en una isla griega cuando trataba de abordar un avión rumbo a Italia con un pasaporte italiano falso y una tarjeta de identificación griega.

Aassim dijo que piensa pedir asilo en Grecia ya que no recibió respuesta a su pedido de relocalización para reunirse con su familia en Alemania.

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Nicholas Paphitis colaboró en este despacho desde Atenas.

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