EEUU-Armas: Ofrece su casa a estudiantes, crea un movimiento

Todo empezó con un simple tuit de una mujer que tenía “tal vez” 28 seguidores en Twitter.Elizabeth Andrews, abogada de Washington y madre de un estudiante de secundaria, se sintió conmovida por el...

Todo empezó con un simple tuit de una mujer que tenía “tal vez” 28 seguidores en Twitter.

Elizabeth Andrews, abogada de Washington y madre de un estudiante de secundaria, se sintió conmovida por el aplomo y la elocuencia de los estudiantes de la secundaria Marjory Stoneman Douglas High School de la Florida tras la balacera del 14 de febrero. Por ello, cuatro días después de la matanza de 17 personas, ofreció a través de Twitter alojar a jóvenes que vendrán a Washington para una movilización a favor de mayores restricciones a la venta de armas.

En cuestión de horas, el tuit había tomado vida propia, recibido miles de “me gusta” y había sido retuiteado muchas veces. Andrews, que dice que nunca fue una militante de ninguna causa, encabeza hoy una red de voluntarios que incluye más de 1.500 familias dispuestas a alojar a manifestantes y ofrecer apoyo logístico durante la marcha del sábado.

“Ha sido una locura, pero en el buen sentido de la palabra”, dijo Andrews. “La gente quiere participar de algún modo. Todos quieren ayudar”.

Además de ofrecer alojamiento, a Andrews le llegaron propuestas para que organizase un movimiento de base que jamás le pasó por la cabeza. Una agrupación llamada DC Local Ambassadors, creada luego de una gran movilización de mujeres para ofrecer apoyo a manifestaciones liberales, ayudó a crear un portal para comunicar a familias que desean alojar gente con manifestantes que buscan alojamientos.

La asociación de ex alumnos de la Marjory Stoneman Douglas, creada para apoyar a los estudiantes, ha estado enviando cientos de personas a la organización de Andrews.

El portal comenzó a funcionar el 28 de febrero “y en 48 horas teníamos 300 familias” interesadas en alojar a estudiantes. Hoy hay 1.620 familias.

Anne Tumlinson dice que ofrecer su casa fue algo “obvio”. La pusieron en contacto con un grupo de muchachos de 18 años de Jacksonville y aceptó acomodarlos tras hablar brevemente con los padres de uno de ellos.

“Ya siento como que son amigos o familiares que vienen de visita a la ciudad y que me gustaría que se quedasen conmigo”, manifestó.

Andrews dice que ahora está abocada a “una segunda fase no premeditada” de su trabajo: canalizar la energía de los voluntarios hacia otras causas.

A las familias que se ofrecieron para alojar gente pero que no recibieron interesados se les pide que preparen algunos almuerzos o que recojan a los jóvenes en el aeropuerto. Otras se ofrecieron a comprar tarjetas del tren subterráneo para los manifestantes. La asociación de ex alumnos de la escuela de la Florida preparó una lista de cosas que necesitan los estudiantes, como ponchos para la lluvia y comida. Todas estas cosas estaban listas el miércoles.

Se calcula que se consiguió alojamiento para un millar de manifestantes, aunque no está claro si todos lograrán reunir el dinero para el pasaje aéreo.

“Muchos padres ven lo que están haciendo estos chicos y creen que tal vez logren algo importante en este momento de nuestra historia”, dijo Andrews. “Tal vez consigan cambiar las leyes sobre las armas, algo que sus padres y las generaciones previas no lograron”.