El Dios de la Abundancia no tiene apariencia divina y es elegido por simples mortales en un informal concurso en La Paz que cada año sigue una tradición andina prehispánica.

Lo llaman Ekeko y es representado por un personaje regordete, petiso y de finos bigotes que carga alimentos y todos los bienes materiales que caben en su espalda.

El Ekeko o Dios de la Abundancia es el personaje de la Feria de la Alasita (“cómprame” en lengua aymara) que cada enero reúne en las calles de La Paz a miles de artesanos que ponen a la venta miniaturas de todo lo imaginable: billetes, casas, vehículos, computadoras, títulos profesionales y hasta certificados de matrimonio que los clientes compran con la esperanza de que la deidad les permita poseer esos bienes.

El Ekeko es elegido entre los artesanos de la feria. Este año el honor recayó en Juan Ricaldi, de 59 años, a quien el Dios de la Abundancia nunca le trajo riqueza pero le ha permitido sobrevivir con las artesanías.

“Es un orgullo este premio porque llevo el alma del Ekeko en el cuerpo”, dijo a The Associated Press Ricaldi en su puesto de pinturas y libros en miniatura que él mismo confecciona.

Agregó que “hace cuatro años compré un terreno y el sueño más grande que tengo es construirle una casa a mi madre. Ella tiene 87 años y yo me mantengo soltero”.

Además de ser el Ekeko del año, Ricaldi recibió un cheque equivalente a 143 dólares y una nevera.

Doce artesanos participaron para representar al pintoresco personaje mientras una banda animaba el certamen. Un centenar de vendedores y artesanos alentaron a sus representantes con petardos.

Cada uno de los concursantes desfiló por la tarima y bailó pero también debió responder preguntas sobre la cultura andina ante un jurado de funcionarios municipales y dirigentes del gremio.

Alberto Macías Ríos, un artesano de 65 años, ha pasado su vida en la feria. “Crecí con las Alasitas acompañando a mi madre cuando la feria iba por varias calles y avenidas de La Paz”, recordó en diálogo con AP.

Este año compitió para ser elegido Ekeko porque “mi estatura me favorece para representarlo, yo mido 1,50 metros”. Aunque el premio no fue para él la mera participación lo llenó de felicidad y orgullo.

La festividad tiene su origen en antiguas creencias religiosas de pueblos prehispánicos andinos y ha logrado vencer el tiempo e incluso el veto de la Iglesia Católica, que durante la época de la colonia trató de desterrar el culto por considerarlo ateo, según los antropólogos.

El mismo Ekeko se ha ido transformado a lo largo de los años.

De la deidad de piedra de rasgos indígenas que adoraban los pueblos andinos como parte de su culto a la Pachamama (Madre tierra), se transformó en el mestizo gordito y risueño.

“Agradezco al Ekeko porque me ha respondido. Todo lo que le pedido se ha cumplido, por eso y en agradecimiento quería disfrazarme de Ekeko”, comentó a AP Cornelio Colque Huanca, de 56 años, que vende plantas en la Alasita y que quedó en quinto lugar en la competencia.

La UNESCO declaró en diciembre a la Feria de la Alasita como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

En las últimas décadas la tradición se extendió al norte de Chile, Argentina y al sur de Perú, donde vive población de origen quechua y aymara.