EI y el Talibán toman nuevamente impulso en Afganistán

La organización Estado Islámico y el Talibán se pelean por llevarse el crédito por una impresionante escalada de violencia en el último mes y analistas afirman que las dos agrupaciones insurgentes...

La organización Estado Islámico y el Talibán se pelean por llevarse el crédito por una impresionante escalada de violencia en el último mes y analistas afirman que las dos agrupaciones insurgentes están ganando impulso y poniendo en aprieto a las fuerzas de seguridad con sus incesantes ataques.

Las dos agrupaciones, no obstante, tienen visiones muy diferentes y combaten no solo con el gobierno sino también entre ellas mismas, de acuerdo con los analistas.

Recientes ataques en gran escala dejaron casi 200 muertos y cientos de heridos. Los insurgentes atacan zonas supuestamente seguras en el corazón de la capital afgana, incluidos una academia militar y un hotel del gobierno frecuentado por extranjeros. Usando una ambulancia llena de explosivos, los insurgentes pasaron puestos de control en el fortificado centro de Kabul y mataron a más de 100 personas el sábado. También atacaron una organización internacional de ayuda en la ciudad oriental de Jalalabad y un centro cultural chiíta en Kabul.

Las fuerzas de seguridad parecen indefensas ante semejante andanada.

Los insurgentes tienen el mismo objetivo de restar legitimidad a los gobiernos que combaten, según Adnrew Wilder, vicepresidente de los programas asiáticos del Instituto de Paz de Estados Unidos. En Afganistán, esa es la única meta común. Los dos desean derrocar al gobierno, pero el Talibán se muestra más proclive a buscar luego una solución negociada, mientras que Estado Islámico la descarta.

Las dos agrupaciones han protagonizado algunos enfrentamientos en el campo de batalla.

“Hay una fuerte competencia entre el Talibán y el Estado Islámico en Afganistán”, sostuvo Thomas Ruttig, cuya red Analistas Afganos conoce a fondo los problemas del país y ha llevado a cabo numerosos estudios.

“Veo al Talibán como ‘islamistas nacionalistas’ mientras que en el Estado Islámico son ‘internacionalistas’”, manifestó, rechazando versiones de que las dos agrupaciones colaboren entre ellas.

Ruttig dijo que los combatientes del Talibán en el norte del país recientemente hicieron ondear una bandera del Estado Islámico después de que la conducción del Talibán les ordenase entregar los ingresos por impuestos al consejo de administrativo del Talibán que gobierna la zona. Una de las principales fuentes de ingreso del Talibán son los impuestos que cobran a los residentes para que puedan movilizarse sin contratiempos o para transportar bienes al mercado, tanto legales como ilegales.

“Los grupos del norte son un fenómeno aparte”, afirmó Ruttig. “Allí los comandantes del Talibán están usando las insignias del Estado Islámico. Esto fue producto de una disputa en torno a la transferencia de impuestos a la conducción central”.

Brian Glyn Williams, autor del libro "Counter Jihad, The American Military Experience in Afghanistan, Iraq and Syria" (Combatiendo el Yihad: La experiencia militar de EEUU en Afganistán, Irak y Siria), opinó que “la relación entre el Talibán y el Estado Islámico está definida por una guerra abierta”.

Desde la muerte de su líder supremo Mohammed Omar hace varios años, el Talibán es una organización que agrupa mayormente a la etnia pashtun y a las poblaciones árabes allegadas a al-Qaida.

La fuerza de choque más poderosa del Talibán es la red Haqqani, a la que se atribuyen los ataques más osados en Kabul. La red tiene lazos históricos con la poderosa agencia de espionaje de Pakistán ISI y tanto Estados Unidos como Afganistán acusan a Pakistán de ofrecer santuario a los combatientes del Talibán, algo que Islamabad niega. Pakistán a su vez atribuye algunos de los ataques más sangrientos registrados en el país a filiales del Estado Islámico de Afganistán. Dice que el gobierno de Kabul les da espacio para planificar sus ataques.

Una filial del Estado Islámico de la provincia de Khorasan es una mezcla tóxica de combatientes del Talibán desencantados, feroces talibanes paquistaníes que le juraron lealtad al Estado Islámico y también uzbecos.

Muchos de los combatientes de Estado Islámico que fueron expulsados de Irak y Siria terminaron en Afganistán, de acuerdo con Williams. Uzbecos residentes en el norte de Afganistán se han estado plegando al Estado Islámico en el marco de una contienda entre el presidente Ashraf Ghani y su vicepresidente Rashid Dostum, un caudillo uzbeco.

Dostum vive en Turquía desde el año pasado porque él y sus guardaespaldas fueron acusados de secuestrar y violar a Ahmed Eshchi, antiguo aliado que se pasó al enemigo. Ghani impidió su retorno a Afganistán, al no permitirle aterrizar. La ausencia de un líder fuerte como Dostum impulsó a muchos uzbecos de Afganistán a unirse al Estado Islámico, señaló Williams.

Agregó que unos 3.000 uzbecos afganos podrían haberse unido a la filial local del Estado Islámico, que ya contaba con miles de uzbecos del centro de Asia.

El papel de los vecinos contribuye a enturbiar más todavía el panorama insurgente, según personas al tanto de lo que pasa en la región.

Pakistán, al que muchos consideran responsable de la supervivencia del Talibán, es ayudada por Rusia e Irán, que temen la posibilidad de que Estado Islámico se haga fuerte en Afganistán.

“A Pakistán le interesa que el Talibán no se alíe” con el Estado Islámico, manifestó Michael Kukelman, subdirector del programa para Asia del Centro Wilson de Estados Unidos. “Hay buenas razones para pensar que Rusia y también Irán ofrecieron ciertos niveles de apoyo al Talibán”.

“Lo último que quieren ver Rusia e Irán es un Estado Islámico revitalizado en su patio trasero”, expresó.