El expolicía Miguel Etchecolatz, un símbolo del plan represivo que persiguió y asesinó disidentes durante la última dictadura militar en Argentina, fue trasladado el viernes a una vivienda rodeada de bosques en un balneario turístico de Buenos Aires, donde cumplirá la condena a perpetua por múltiples delitos de lesa humanidad.

La decisión de un tribunal criminal federal de otorgar al represor de 88 años el beneficio del arresto domiciliario generó el repudio de organismos de derechos humanos y de muchos vecinos en el Bosque Peralta Ramos, un barrio de clase media alta en la ciudad balnearia de Mar del Plata, a unos 400 kilómetros al sur de la capital argentina. Entre los habitantes del lugar, hay varios sobrevivientes del régimen de 1976 a 1983.

Etchecolatz, quien tuvo a su cargo varios centros clandestinos de detención y tortura en Buenos Aires, ha ido sumando condenas a prisión perpetua en diversas causas por delitos de lesa humanidad que se reactivaron a partir de 2003 cuando el Congreso declaró la nulidad de las leyes de amnistía que protegían de la justicia a los exmiembros de fuerzas armadas y de seguridad.

No obstante, la justicia le concedió el arresto domiciliario atendiendo a su edad y dolencias de salud, entre ellas las secuelas de un accidente cerebro vascular que sufrió en agosto.

El expolicía, subalterno de Ramón Camps, el temido jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires durante la dictadura, fue trasladado en la madrugada de este viernes a la residencia familiar en Mar del Plata, rodeada de una cerca de ligustrina y un enorme portón verde de varios metros de altura que protege al lugar de miradas ajenas.

Organismos de derechos humanos sostienen que la dictadura asesinó a 30.000 disidentes. Las cifras oficiales reducen ese número a unos 7.000.

Tras el arribo de Etchecolatz, militantes de partidos de izquierda y de organizaciones sociales protestaron frente a la sede de la alcaldía bajo la consigna “Cárcel común y condena efectiva para los genocidas”.

Los activistas sostenían pancartas con las leyendas “Etchecolatz está en su casa. ¿Dónde está Julio López?”. La referencia alude a un detenido durante la dictadura cuyo testimonio fue fundamental para la primera condena contra el expolicía en 2006. López desapareció pocos días después de la sentencia y nada más se supo de él. Si bien se sospecha del excomisario y sus conexiones con la fuerza policial, hasta el momento la justicia no ha comprobado su responsabilidad en el hecho.