Rebeldes sirios y grupos de la oposición rechazaron el martes las negociaciones de paz propuestas por Rusia y acusan a Moscú de no presionar a su aliado, el presidente Bashar Assad para que ponga fin al conflicto.

En una serie de comunicados, 40 grupos rebeldes _incluidas asociaciones que aglutinan a grupos opositores políticos de Siria_ dijeron que las conversaciones previstas para el próximo mes son un intento de "eludir" el proceso liderado por la ONU, que prácticamente no ha progresado desde que comenzó en 2014.

Los grupos rebeldes dijeron que Moscú les pidió abandonar su demanda de que Assad renuncie.

“Rechazamos esto y afirmamos que Rusia es un agresor que ha cometido crímenes de guerra contra los sirios", dicen los grupos en una declaración firmada. "Rusia no ha contribuido con un solo movimiento para aliviar el sufrimiento del pueblo sirio y no ha presionado al régimen que, según Moscú, garantiza avanzar una pulgada hacia cualquier camino real hacia una resolución”.

Los grupos rebeldes, incluido Ahrar al-Sham, Ejército del Islam y varios grupos del Ejército Libre Sirio, dijeron que están comprometidos con el proceso de Ginebra dirigido por la ONU y pidieron a la comunidad internacional que ponga fin al derramamiento de sangre, ahora que está por cumplir su séptimo año. Los grupos políticos de oposición y los órganos de gobierno en las áreas controladas por los rebeldes también han rechazado las conversaciones propuestas por el Kremlin.

Las conversaciones están programadas para el 29 y 30 de enero en Sochi, y se anunciaron después de las conversaciones entre Rusia e Irán _que respaldan al gobierno_ y Turquía, que apoya a la oposición.

El gobierno de Siria dijo que asistiría a las conversaciones. Assad dijo recientemente que las conversaciones de Sochi tienen una agenda clara para discutir nuevas elecciones y posiblemente enmendar la constitución.

El destino de Assad ha sido el principal punto de disputa en todas las rondas de conversaciones anteriores. La oposición ha pedido durante mucho tiempo un período de transición en el que Assad no tendría ningún papel, algo que el gobierno se niega a siquiera considerar.