Los partidos secesionistas de Cataluña obtuvieron suficientes votos el jueves para recuperar una ligera mayoría en el Parlamento regional y darle un nuevo ímpetu a su lucha política para independizarse de España.

Sin embargo, no fue una victoria categórica, ya que los independentistas perdieron apoyo en comparación con los comicios de 2015, y un partido a favor de la unidad se convirtió por primera vez en la principal fuerza en el Parlamento catalán.

El resultado deja más preguntas que respuestas sobre el futuro de Cataluña, donde un largo esfuerzo por lograr la independencia creció hasta derivar en un abierto enfrentamiento con el gobierno español hace dos meses.

También fue un golpe para el presidente español Mariano Rajoy, quien como respuesta a la resistencia de los separatistas, destituyó al gabinete catalán y pidió una elección adelantada con la esperanza de quitarles el poder.

En lugar de eso, la elección favoreció a Carles Puigdemont, quien hizo campaña desde Bélgica, donde se encuentra para evadir una orden de aprehensión española por una pesquisa de rebelión y sedición que conlleva una sanción de décadas en prisión.

Puigdemont, quien obtuvo más votos que cualquier candidato separatista, recibió con alegría el resultado y criticó al gobierno central de España.

“El Estado español ha sido derrotado”, dijo Puigdemont, sin decir si regresaría a España. “Rajoy y sus aliados han perdido y han recibido una sonora bofetada catalana”.

La otra gran ganadora fue Inés Arrimadas, candidata del partido unionista. Con 25% de los votos, su partido Ciutadans (Ciudadanos), en pro de la libre empresa, obtuvo 37 escaños, lo que lo convierte en el principal bloque en la asamblea regional de 135 escaños.

Sin embargo, los partidos secesionistas _Junts per Catalunya (Juntos por Cataluña) de Puigdemont, el partido republicano de izquierda ERC y el anticapitalista CUP_ reunieron 70 curules, dos más de los necesarios para ser mayoría, pero dos menos que en las elecciones del 2015. No obstante, los tres grupos se quedaron cortos de ganar la mayoría de los votos, al recibir 48% del total.

“Las elecciones solucionaron muy poco”, dijo Andrew Dowling, especialista en historia catalana en la Universidad Cardiff, en Gales. “La independencia ha ganado, pero en una forma similar al 2015. La mayoría de los escaños, pero no de los votos”.

El jueves hubo una participación histórica de casi 82% de los 5,5 millones de votantes de Cataluña.

Los comicios se llevaron a cabo bajo circunstancias sumamente inusuales, ya que varios líderes independentistas están encarcelados o en un exilio autoimpuesto por su participación en la organización de un referendo secesionista que fue declarado ilegal por la corte suprema de España.

Ocho de los políticos ausentes fueron electos como legisladores. A menos que cambie su estatus, tendrán que renunciar a su asiento y cederlo a miembros del partido, o el bloque independentista podría perder una cantidad importante de votos.

Las semanas de campaña involucraron poco debate sobre política regional en temas como educación pública, la creciente desigualdad y desempleo. En lugar de eso, la batalla se centró en el reciente intento de independencia que llevó a España a su peor crisis política en décadas.

Un nuevo intento catalán de secesión tampoco sería bienvenido en la Unión Europea, que ya se enfrenta a las complicaciones legales de la planeada salida de Gran Bretaña del bloque. Altos funcionarios de la UE han respaldado a Rajoy, y ningún país del bloque ha ofrecido su apoyo a los separatistas.

Las aspiraciones de secesión de Cataluña también han recibido poco apoyo del resto de España.

El resultado de la contienda política es crucial para la región, que representa 19% del producto interno bruto de España. Una recesión económica ha sido la consecuencia más inmediata del intento de independencia catalana. El banco central de España redujo la semana pasada su previsión de crecimiento nacional para el próximo año y el 2019 a 2,4% y 2,1% respectivamente, un punto porcentual por debajo de su previsión previa, y mencionó como la causa al conflicto catalán.

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La periodista Aritz parra reportó desde Barcelona y Ciaran Giles desde Madrid. Joseph Wilson y Karl Ritter en Barcelona, Lorne Cook en Bruselas y Barry Hatton en Lisboa contribuyeron a este despacho.