¿Será cierto que tocar una sinfonía de Beethoven puede generar una mayor colaboración entre los empleados de una firma? Varias empresas, sobre todo en Alemania y Asia, creen que sí.

Una buena cantidad de firmas alemanas y un puñado de japonesas y coreanas tienen una orquesta sinfónica propia. Unos 60 contadores, ingenieros, agentes de ventas y especialistas en computadoras llevan sus propios violines, cellos, oboes y trombones y practican durante los descansos largas composiciones de música clásica.

Las orquestas cumplen funciones de relaciones públicas, ofrecen conciertos en actos caritativos y alegran eventos de la firma.

Pero eso no es todo.

Los empleados que participan en esa iniciativa y algunos expertos en el tema aseguran que una orquesta sinfónica es una buena forma de alentar el trabajo en equipo.

“No hay ninguna actividad en el mundo en la que haya que reaccionar tan rápidamente a lo que hacen otros y trabajar en forma mancomunada como en una orquesta”, sostuvo Johanna Weitkamp, conductora de la sinfónica de SAP, una firma de software.

“Las centésimas de segundo cuentan. Tienes que escuchar a la otra persona, responderle, pasarle la pelota a otro”, manifestó. “Es un gran ejemplo de buena cooperación entre la gente”.

Otras firmas con orquestas de empleados son Siemenes, fabricante de trenes y de escáners con fines médicos; las automotrices Daimler, BMW y Ford; la fabricante de partes de autos y de artículos electrónicos Robert Bosch GmbH, la aerolínea Lufthansa y la empresa química BASF.

En un reciente ensayo, Weitkamp y la orquesta de SAP inundaron el auditorio de Rosengarten, con capacidad para 2.300 personas en la ciudad sudoccidental de Mannheim, con una música de cuerdas rica y cálida. Entre las piezas que ejecutaron figuró “Rock me Amadeus” de Falco. Acto seguido los trombones empezaron el tema de los juegos olímpicos de John Williams mientras la orquesta se preparaba para una ceremonia de graduación en un centro educativo de la zona.

La mayoría de estas orquestas parecen haber sido una iniciativa de los empleados. La de SAP comenzó cuando Weitkamp se incorporó a la firma en 1997 y se dio cuenta de que había mucha gente con conocimientos musicales. “Pregunté quién quería tocar en una orquesta”, relató.

Weitkamp no es precisamente una amateur. Estudió conducción en la Universidad de Música y Teatro de Leipzig en la antigua Alemania Oriental. Entre sus profesores figuró el reconocido conductor Kurt Masur, que más adelante dirigiría la Filarmónica de Nueva York. Tras la caída del Muro de Berlín sacó un título en tecnología de la información y se dedicó al campo de las computadoras.

Dice que no le sorprende que personas de campos como la tecnología y las matemáticas tengan inclinaciones musicales. “Hay que saber pensar en abstracto para comprender cómo funciona la música y pienso que esa es la razón por la que en estos campos encuentras tantas personas que pueden tocar el violín, el oboe, el clarinete, la flauta o la trompeta”.

Anna Medina, traductora de SAP y violinista, dice que “la música te permite desarrollar habilidades que luego puedes aplicar en cualquier trabajo”.

“Te inculca la noción de que debes practicar para hacer las cosas bien. Te enseña que no se puede dejar todo para el último minuto, que tiene que trabajar en algo todo el tiempo para tener éxito”, manifestó.

Christian Scholz, experto en administración de la Universidad de Saarland en Saarbruecken, afirma que las orquestas requieren una serie de aptitudes necesarias para desempeñarse a un alto nivel en el trabajo.

“Alienta el trabajo en equipo de una forma muy estructurada. Hay gente especializada en ciertos instrumentos, en determinados papeles, y un cierto nivel de competencia entre ellos”, expresó. “Es una democracia, con una jerarquía. Tienes todos los elementos de una empresa en la conformación de una orquesta sinfónica”.

Las firmas tienen distintas formas de apoyar a los miembros de sus orquestas. SAP y Daimler aportan fondos, mientras que la orquesta de BASF la financian sus propios miembros. Algunas orquestas, como la de SAP, son semiprofesionales y otras, como Bosch y Lufthansa, son puramente amateurs.

El gerente comercial de SAP Luka Mucic dijo en un comunicado que “la música, y el complejo funcionamiento de una orquesta, son una buena forma de promover los valores de nuestra empresa, como trabajo en equipo, disciplina y diversidad”.

No hay que olvidar que la música clásica es parte de la cultura nacional de Alemania y mucha gente aprende a tocar instrumentos de niños. Algo parecido sucede en Asia, donde la música clásica se ha hecho muy popular en las últimas décadas y varias empresas de Japón, Corea del Sur y Taiwán tienen también orquestas, según Alex Van Bevereren, presidente de la Federación Mundial de Orquestas Amateurs, con sede en Bruselas.