Hay juguetes blandos en las camas y carteles en las paredes. No más de tres niños por habitación. Una de las niñas que vive en la casa de cuatro habitaciones habla ilusionada sobre recibir maquillaje por su cumpleaños.

En esta casa comunitaria, en una calle arbolada de Bucarest, las pesadillas sobre los orfanatos de Rumanía parecen muy lejanas.

Las historias de terror empezaron a conocerse poco después de la caída del dictador comunista Nicolae Ceausescu en 1989: espantosos relatos sobre miles de niños golpeados, malnutridos y humillados en abarrotados orfanatos gestionados por el estado.

Hoy en día, el número de niños en orfanatos en Rumanía se ha desplomado de más de 100.000 a unos 7.000, con un objetivo de cerrar todas las viejas instalaciones para 2023. Legiones de niños han sido reunidos con sus familias, hospedados en viviendas de acogida o reubicados en alegres viviendas de estilo familiar gestionadas por personal cualificado, como la del 6to distrito de Bucarest.

En todo el mundo se están llevando a cabo esfuerzos para sacar a los niños de los orfanatos. Bulgaria y las antiguas repúblicas soviéticas de Georgia y Moldavia han hecho avances. China dice que ahora puede atender a tres cuartas partes de sus huérfanos y niños abandonados a través de casas de acogida o adopciones. Ruanda pronto se convertirá en el primer país de África en eliminar los orfanatos.

Es un objetivo que sigue siendo difícil en muchos otros países. En India abundan los orfanatos de gestión privada con una endeble regulación, y en Nepal y Haití gestores de orfanatos poco escrupulosos en ocasiones pagan a los padres para que entreguen a sus hijos y después se benefician de donaciones de extranjeros compasivos.

Sin embargo, los grupos humanitarios que trabajan para acabar con estos grandes centros creen que la tendencia está a su favor.

“Estamos casi al borde de conseguir un movimiento global para devolver los orfanatos a los libros de historia”, dijo la doctora Delia Pop, la directora rumana de activismo global para el grupo Homes for Children, con sede en Gran Bretaña y que ha trabajado para desmantelar orfanatos en 30 países.

No hay una cifra precisa de cuántos niños viven en orfanatos. La última estimación de UNICEF es de 2,7 millones, pero la agencia indicó que muchos países no contabilizan adecuadamente a los menores en orfanatos de gestión privada.

Sea cual sea el tipo de instalación, entre el 80 y el 90% de los niños que viven allí tienen al menos un progenitos vivo, según UNICEF.

“La mayoría de las veces es la pobreza lo que divide a estas familias”, dijo Shannon Senefeld, de Catholic Relief Services. “Los padres creen (...) que su hijo tendrá una forma de vida mejor si vive en un orfanato”.

Sin embargo, la investigación apunta a que la vida en estas instituciones a menudo causa daños duraderos en los niños. Incluso los orfanatos bien gestionados suelen carecer del afecto que maximiza el potencial de un niño, y muchos exponen a los menores a abusos y explotación.

A continuación, algunos ejemplos señalados de reformas al respecto:

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EUROPA DEL ESTE:

Europa del Este, que fuera la región con la tasa más alta de niños en orfanatos, es ahora el epicentro del movimiento para vaciarlos.

En Moldavia, el país más pobre de Europa, la población de orfanatos ha caído de 11.000 a 2.000 menores desde 2011. Una iniciativa similar en Georgia ha reducido el nombre de orfanatos estatales de 50 a 2, que ahora acogen a unos 75 niños en lugar de los 5.000 de 2005, según UNICEF.

Bulgaria ha sido elogiada por centrar sus reformas en los menores discapacitados, buscando atención de estilo familiar para todos los que estaban en instituciones estatales. En total, la población en los orfanatos estatales del país ha caído de unos 7.500 en 2010 a menos de 1.200 hoy.

En cuanto a los números, Rumanía es la mayor historia de éxito de la región, especialmente considerando los malos tratos de la era Ceausescu. Agencias como Hope and Homes for Children han colocado a niños con familias de acogida o en viviendas más pequeñas donde pueden disfrutar de excursiones, fiestas de cumpleaños y una educación normal.

Stefan Darabus, director regional de Hope and Homes, señaló que el próximo gran desafío de Rumanía es mantener juntas a las familias vulnerables, lo que beneficia a los niños y cuesta menos dinero al estado que internarlos en una institución.

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ASIA

En China, los orfanatos acogen principalmente a niños abandonados por sus familias por problemas médicos graves.

Las familias que enfrentan altos coste médicos _así como normas que durante años restringieron a uno, y ahora a dos, los hijos que pueden tener_ sienten en ocasiones que no tienen más opción que abandonar a estos menores, especialmente si viven en zonas rurales pobres.

Tras los reportes de bebés abandonados en campos, basureros e incluso tirados por retretes, China experimentó en 2011 abriendo “cápsulas para bebés” adosadas a los orfanatos para ofrecer a los padres desesperados un lugar seguro en el que dejar a los niños a los que no podían cuidar. Pero muchos programas se han abandonado desde entonces tras verse sobrepasados por cientos de niños.

Las condiciones en los orfanatos han mejorado en la última década, aunque el financiamiento sigue siendo un desafío porque la mayoría de los niños requiere tratamiento médico especializado.

China fomenta ahora la atención de esos niños en entornos familiares. Para finales del año pasado había 460.000 huérfanos y niños abandonados en China, de los que unos 373.000 fueron asignados a familias de acogida o adoptados, y 88.000 en orfanatos, según estadísticas del gobierno.

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ÁFRICA

En África, donde los servicios sociales escasean y millones de niños viven en la pobreza, el objetivo de Ruanda de eliminar los orfanatos llama la atención.

La Comisión Nacional para los Niños dice que 3.323 menores vivían en orfanatos cuando comenzó el programa en 2012, y que todos salvo 235 han sido reunidos con sus parientes o ubicados con familias de acogida o adopción.

El gobierno ha desplegado trabajadores sociales para ayudar a facilitar la transición a la vida fuera del orfanato, pero algunos dicen que el programa ha sido demasiado drástico. Se mencionan ejemplos de familias que no pueden alimentar a los niños que se les han devuelto y de jóvenes que salen de los orfanatos para terminar en la calle.

Greenberg, de UNICEF, elogia los esfuerzos de Ruanda por cerrar los orfanatos, aunque reconoce los desafíos.

“Cualquier demora en el cierre de estas instituciones es una violación fundamental de los derechos de los niños”, afirmó. “He visitado varios orfanatos. Eran el infierno en la tierra, y ningún niño debería pasar por ello”.

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Wong informó desde Beijing y Crary desde Nueva York.