Un ex infante de Marina de origen mexicano que fue deportado hace 15 años después de que lo declararan culpable de un delito menor, ganó su batalla en las cortes para regresar a Estados Unidos y recuperar su residencia permanente.

Marco Chávez dijo el lunes a The Associated Press que espera reencontrarse con sus tres hijos en Iowa después de perderse su niñez. Chávez tiene 45 años y sus hijos entre 17 y 21.

“Una de las cosas que quería que mis hijos supieran es que tuvieron un padre y no tuve intención de abandonarlos”, declaró Chávez, quien vive en la ciudad de Tijuana, en el norte de México. “Eso no fue parte del plan conmigo ni con mi exesposa. Yo quería estar ahí para mantenerlos. Quizá estén resentidos, pero es comprensible”.

Un juez de inmigración autorizó el mes pasado el regreso de Chávez. La decisión estuvo precedida por el perdón que el gobernador de California, el demócrata Jerry Brown, concedió a Chávez. En 1998, el ex soldado fue declarado culpable de crueldad contra los animales por una golpiza propinada a un perro, pero aseveró que otra persona había sido la responsable. Fue sentenciado a purgar dos años en una prisión estatal, lo excarcelaron 15 meses después por buena conducta y finalmente lo deportaron.

Brown dijo que Chávez “prestó servicio a nuestro país, se ganó el perdón y merece regresar a casa”.

La esposa de Chávez se había ido a Tijuana con sus hijos para estar todos juntos, pero la vida era muy difícil para la familia en la ciudad fronteriza, asolada por la violencia y donde las escuelas no eran tan buenas y los empleos escaseaban, señaló Chávez.

La pareja se divorció y ella se fue a Iowa con sus hijos. Chávez tiene previsto encontrarse con sus padres en el paso fronterizo de San Diego antes de Navidad y estará varios meses con ellos en Los Ángeles mientras resuelve el papeleo de su residencia. Después viajará a Iowa e intentará reconstruir su relación con sus hijos. La última vez que Chávez vio a sus hijos fue cuando lo visitaron en Tijuana en 2013.

Chávez era un bebé cuando sus padres lo trajeron a Estados Unidos. Estuvo cuatro años en el Cuerpo de Infantería de Marina de Estados Unidos.

“La vida es posible en México pero no es cómoda”, señaló Chávez, quien laboraba como guardia de seguridad y después aprovechó su inglés a fin de trabajar para compañías estadounidenses en un centro de atención telefónica en Tijuana.

“Ahora entiendo por qué todos intentan cruzar por cualquier medio posible”, afirmó.

La abogada Jennie Pasquarella, de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), dijo que el caso alienta las esperanzas de otros veteranos deportados, entre ellos otros dos a los que Brown perdonó y viven en México, y tienen abogados que intentan conseguirles la autorización para regresar a Estados Unidos.

La Casa de Apoyo para Veteranos Deportados, con sede en Tijuana, dijo que tiene documentados al menos 301 casos de ex soldados deportados a unos 30 países. Más de 60 de ellos son mexicanos.

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El periodista de The Associated Press, Don Thompson, en Sacramento, contribuyó a este despacho.