La propuesta de ley de reforma fiscal en Estados Unidos es una riesgosa apuesta de los congresistas republicanos: Que recortar los impuestos para las corporaciones y los ricos va a acelerar el crecimiento económico y garantizar prosperidad para los estadounidenses en el futuro.

Los riesgos son considerables.

Una amplia gama de economistas y analistas no partidistas han advertido que la medida aumentará la deuda federal, intensificará las presiones para reducir programas sociales y ampliará más la ya preocupante brecha de ingresos en el país.

Se espera que el Congreso vote esta semana sobre la propuesta, que sería la mayor reforma del código fiscal en Estados Unidos desde 1986. Reduciría los impuestos corporativos, alentaría a las compañías a regresar al país los billones en ganancias que han mantenido en el exterior, recortaría los impuestos a familias acaudaladas y _ aunque sólo temporalmente _ las tasas de impuestos para individuos.

El argumento es que reducir impuestos va a hacer a las corporaciones estadounidenses gastar más en el país.

"Es una apuesta al espíritu empresarial de nuestro país, y esa es una apuesta que estoy dispuesto a hacer”, dijo el senador republicano Bob Corker el viernes tras abandonar su oposición previa a déficits más elevados y dar su respaldo a la medida.

Al mover la propuesta en un Congreso dividido _ ningún demócrata la respalda _ los republicanos han insistido en que las virtudes económicas del paquete fiscal contrarrestan los riesgos sobre los que advierten muchos analistas.

"Éste va a ser uno de los mayores regalos para las personas de ingresos medios en este país que hayamos recibido por Navidad”, dijo el presidente Donald Trump el sábado al prepararse para dejar la Casa Blanca por el fin de semana. “Los empleos van a regresar en masa al país”.

La ley añadiría al menos un billón de dólares al déficit federal que ya iba a crecer a medida en que se retire la generación de posguerra y gaste fondos de Seguro Social y Medicare. Y las ganancias de los recortes de impuestos están inclinadas hacia los ricos, que usualmente son más renuentes a gastarse dinero adicional que hogares con medios modestos. Un resultado muy probable es que las corporaciones y las familias acaudaladas ampliarán la brecha con el resto.

Incluso los cálculos políticos de los republicanos parecen cuestionables: Un sondeo de la Quinnipiac University encontró que los votantes estadounidenses, al tanto de que los beneficios irán a parar mayormente a corporaciones y ricos, se oponen al plan 55% a 26%.