La lucha por la sucesión del presidente sudafricano Jacob Zuma, acosado por numerosos escándalos, comenzó el sábado al reunirse los miles de delegados a la conferencia del partido gobernante Congreso Nacional Africano.

El prestigio del movimiento de liberación fundado por Nelson Mandela ha sufrido golpes durante la presidencia de Zuma, que cumple su segundo y último período. El nuevo líder del CNA probablemente será elegido presidente en las elecciones de 2019.

Los principales candidatos a la sucesión son el vicepresidente Cyril Ramaphosa y Nkosazana Dlamini-Zuma, expresidenta de la Comisión de la Unión Africana y exesposa de Zuma.

Los votantes están furiosos con el CNA ya que el gobierno de Zuma está sumido en escándalos y denuncias de corrupción. El movimiento de liberación más antiguo del continente, que festejó su 105to aniversario este año, dirigió la lucha contra el régimen de minoría blanca llamado apartheid y gobierna el país desde las primeras elecciones democráticas en 1994.

Los observadores dicen que el partido debe recuperar su prestigio, caso contrario se vería obligado a formar un gobierno de coalición por primera vez. Las divisiones en el CNA son tan profundas que cualquiera sea el ganador, Ramaphosa o Dlamini-Zuma, la fracción perdedora podría crear un partido nuevo, de acuerdo con los analistas.

"Debemos atender enormes desafíos que enfrenta nuestro movimiento", declaró Zuma en la reunión, la cual inició con emotivos exhortos a la unidad.

Rechazó las acusaciones de soborno, al afirmar que "el robo y la corrupción" en el sector privado es igual de malo que en el gobierno y que "ser negro y exitoso se está convirtiendo en sinónimo de ser corrupto".

Zuma agregó que "la codicia representa una seria amenaza" para el partido y advirtió que el CNA podría colapsarse.

"Necesitamos hallar maneras de proteger al CNA de la codicia empresaria", sostuvo.

El presidente defendió el mérito del partido pese a los retos, al decir que sigue representando a millones de personas en los límites de la sociedad.

"Una pesada responsabilidad se posa sobre los hombros de estos delegados... para renovar nuestro movimiento y restaurar sus valores intemporales", indicó. "Debemos darle a la gente motivos para tener fe".

Zuma puede continuar como jefe de Estado hasta el fin de su período en 2019, o bien puede renunciar o ser destituido por el nuevo jefe partidario antes de las elecciones generales.

Bajo el gobierno de Zuma, el desempleo ha aumentado a casi 30% y la economía se ha desacelerado. Más de 55% del país vive por debajo de la línea de pobreza.

Ramaphosa, uno de los hombres más ricos de la Sudáfrica democrática, ha prometido reprimir la corrupción y reencausar la economía. Dlamini-Zuma, médica, exministra y aliada del presidente, ha prometido una “transformación económica radical”.