Venezolanos que soportaron un gélido frío frente a un tribunal neoyorquino el jueves se declararon decepcionados con la sentencia que un juez federal impuso a dos sobrinos de la primera dama de Venezuela por conspiración de tráfico de drogas.

El grupo, de unas quince personas, esperó frente a la corte federal de Manhattan para conocer la decisión del juez y ser testigo de “un momento histórico”, dijeron algunos. Varios entraron a la sala de la corte del juez Paul Crotty mientras que otros se quedaron en la calle frente al tribunal.

Crotty sentenció a Efraín Campo Flores y a Franqui Francisco Flores de Freitas, sobrinos de la primera dama Celia Flores, a 18 años de prisión.

“A mí eso me parece una cachetada en la cara de los venezolanos”, dijo Norma Flores, una venezolana de 60 años que lleva más de tres décadas viviendo en Nueva York. “Me esperaba al menos 30 años para cada uno”.

Flores dijo que acudió a la corte en solidaridad con venezolanos que se sienten engañados por el gobierno de ese país.

“Estoy aquí para apoyar a todos los venezolanos que han perdido sus vidas en protestas, que se mueren de hambre, que no pueden comprar medicinas porque no las hay”, señaló.

Hace un año, un jurado declaró a los sobrinos culpables de asociación delictiva para transportar unos 800 kilogramos de cocaína. Campo, de 31 años, y Flores de Freitas, de 33, fueron detenidos a finales de 2015 en Haití y enviados a Nueva York, donde se declararon inocentes en todo momento de los cargos.

Mientras la decepción predominaba entre el grupo que esperaba fuera, algunas lágrimas pudieron verse en la corte: Flores de Freitas se emocionó cuando leyó un escrito dirigido al juez en el que mencionaba a su hijo de nueve años.

“Estoy deshecho y desconsolado por no poder estar con él mientras crezca”, aseguró el venezolano, en español, antes de que Crotty anunciara su sentencia. “Deme la oportunidad de reparar mis errores”, agregó.

Campo también habló de sus hijos, uno de los cuales nació mientras se encontraba en prisión. Ambos pidieron perdón por sus acciones y describieron lo ocurrido como lo más vergonzoso que ha ocurrido en sus vidas. Campo dedicó un par de minutos a su esposa, Yessair Rodríguez, quien se encontraba en la sala. “Eres la luz más brillante en la noche más oscura”, le dijo.

En su declaración, Crotty dijo que el castigo de un mínimo de 30 años que pedía la fiscalía le parecía demasiado duro. También señaló que los sobrinos “no eran los traficantes de drogas más astutos que han existido. Perdieron la cabeza”. Impuso una multa de 50.000 dólares para cada uno de ellos.

Durante el año que duró el juicio, el gobierno estadounidense describió a los sobrinos como líderes de un sofisticado plan para transportar grandes cantidades de cocaína a los Estados Unidos y de querer usar parte de las ganancias para financiar la campaña electoral de su tía Cilia Flores al Congreso.

Los fiscales aseguraron de forma repetida que ambos presumían de sus conexiones políticas para lograr que aviones cargados de droga pudieran despegar y aterrizar en aeropuertos internacionales. Las referencias que formuló Estados Unidos en el caso al gobierno del presidente Nicolás Maduro fueron muchas. En memorandos que los fiscales enviaron al juez recientemente se menciona que los sobrinos actuaban con el visto bueno de Maduro, aunque no se dan detalles sobre eso.

Por otro lado, los abogados de Campo Flores y Flores de Freitas describieron a sus clientes como jóvenes padres de familia que vivían modestamente en Venezuela y que no tenían contacto con el mundo del narcotráfico hasta que agentes encubiertos les tentaron a meterse en ese mundo a cambio de millonarias ganancias. La defensa dijo a Crotty que en realidad ellos nunca transportaron ninguna droga.

El venezolano Alberto Jiménez, de 60 años, se encontraba el jueves de visita en Nueva York con su esposa pero dijo que no quiso perderse la oportunidad de estar ahí cuando Crotty emitiera su decisión.

“Muchos venezolanos estamos llenos de ira por lo que hacen los gobernantes de nuestro país”, manifestó. “Creo que muchos hubiéramos querido que la sentencia fuera más ejemplarizante”.